Lazos violetas teñidos
de sangre
Quiero empezar con la
alegría de conocer que desde el fin de
semana pasado dos mujeres dirigen las más altas responsabilidades del PSOE
andaluz; me gusta también añadir que las dos son personas que al sentido de
clase modesta añadieron la responsabilidad de la conciencia de clase, desusados
términos para esta época en que más los demanda
la crisis, tras el vodevil desideologizante
de los tiempos del Becerro de Oro.
Hoy es el día mundial contra la violencia machista, y ciudadanas,
más que ciudadanos nos recuerdan y nos invitan a la sensibilidad, solidaridad y
lucha, contra otra de las lacras con las que coexistimos. Proponen que se
exhiban lazos violetas en recuerdo de las asesinadas 700 en diez años;
maltratadas, 140.000 denuncias este año; 840.000 niños bajo esta violencia; 47
víctimas desde Enero y se puede afirmar que padecen esta violencia 600.000 más, la mayor de las veces con miedo y en silencio,
mujeres en España.
Las estadísticas son un
cuchillo que muchas veces se desvía al
cortar la tarta, pero me abochorna que mi comunidad andaluza registre la mayor
proporción de asesinatos este año y que mi provincia, esté representada con un
tercio de los crímenes.
Educación, mala, y
temperamento, pésimo, son los máximos ingredientes a la hora de buscar
explicación a las inexplicables prácticas de poder machista que con distinta
intensidad nos asolan. Y aunque los malagueños podamos decir que hemos reducido
nuestra tasa de analfabetismo por encima de la media andaluza, que en 1983
estaba en 37000 analfabetos/as totales; y que ese es un logro del cambio en la
educación y de la apuesta que hicimos en
la educación de adultos al comienzo de la democracia municipal, premiada por la
UNESCO, aprovechada por las mujeres, mientras los maridos el único cálculo que
hacían era que no le ahorcaran el seis doble en partidas interminables en los
bares.
Pero nada es fortuito,
y mientras esperamos que metan a los maltratadores en casas tuteladas de control y terapia, y no
sean las mujeres maltratadas las que se escondan en casas de
acogida, hay que hablar con horror de la herencia recibida, avalada secularmente en una sociedad machista, que
privilegia a los varones en todos los ámbitos, cristalizada en las
consecuencias del Golpe de Estado del 18 de Julio de 1936, tras él que España
sufrió y se desangró en la Guerra Civil, y vivimos cuarenta años, dónde el dogma
nacional-católico se impuso en las escuelas y en la sociedad, dejando a las mujeres un
papel de sumisión como el que se atreve a proponer de nuevo el actual Arzobispo
de Granada.
Falange, Ejercito e
Iglesia, cada cual a su modo, impusieron sus fueros, como cánones esenciales
del ser hispano, tras el arrebato de “muera la cultura y viva la muerte”, con
el añadido de los sabios de ocasión, como los Vallejo Nájera, autor de la perla
“Eugenesia de la Hispanidad-regeneración de la raza”, o las de Botella y
Llussía para la reducción de la mujer a la tarea reproductiva.
¿Todo ha cambiado? No,
hasta que llegue el día que en la
elección de papas las faldas no las lleven señores longevos. Y a esperar a que
de nuevo los lazos violetas no se
manchen tristemente con la sangre de una nueva víctima.
Curro Flores
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