Los sillones giratorios
Junio ha empezado con
todo el verano acuestas por las acaloradas tomas de postura de los negociadores
de los partidos para el reparto de los distintos poderes municipales, para que
los vecinos puedan visualizar que sus votos no han caído a urnas rotas, difícil
tarea para los malos tiempos que corren.
Pero como con los
tatuajes que en mi infancia eran de uso exclusivo de la iconografía de los
legionarios a pecho descubierto, es cuestión de acostumbrarse a todo. Las
nuevas formaciones políticas y las antiguas llevadas por el oleaje, tratan de
deificarse proponiendo decálogos de principios indeclinables en sus pactos
municipales. Buena música para una letra tan incógnita como la del Himno
Nacional, dónde la realidad del día a día de gobierno trata de birlar todos los
supuestos.
Lo cierto y loable es
que la mayoría proponen prácticas contra la corrupción, por la transparencia,
la participación, control del gasto onomástico y por el desinfle de la nómina
de cargos de confianza, que se habían tomado con más confianza de la cuenta.
La novatada la está
pagando Juan Cassá, el candidato de Ciudadanos por Málaga, que con un algebra
de pan comido, se había visto de alcalde de Málaga con tres concejales, si le
da tiempo, le queda aprender mucho interés compuesto a Don Juan para manejarse
por las agitadas cuentas de la política. Los suyos le han obligado a rectificar
y en las puertas del Ayuntamiento se ha pegado una llorada, que ha sonado a un
por favor de que yo quiero seguir en esto ahora que he llegado.
El más difícil todavía
lo ha tendido Fernández Montes, eterno alcalde de Torremolinos, martillo de
herejes, que como es su costumbre ha
utilizado todos los púlpitos pagados por el erario público o no, para lanzar durante
la campaña y antes todo tipo de insolencias contra los adversarios políticos.
Ahora necesita los votos de Ciudadanos para intentar perpetuarse, y antes que los suyos lo manden al cementerio
de los elefantes, en un gesto inusual
para su currículo, ha pedido disculpas en un comunicado por sus excesos contra
la candidata de Ciudadanos. Tiene pendiente para la efímera historia de su
pueblo pedir perdón por todas las andanadas que ha soltado durante años contra
sus contendientes, en el uso y disfrute de la televisión local, esa que pagan
todos sus vecinos.
Muchas cosas veremos
estos días de sillones giratorios y reclinatorios. Con todas las complicaciones
que nos van a traer las obras del Metro en la Alameda y aledaños, espero que a
ninguno de los neófitos se le ocurra cambiar el metropolitano por un tobogán.
Curro Flores
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