Los troncos no nos
dejan ver el bosque europeo
Castas, tascas, vascas,
rascas, mascas hemos mantenido nuestra
atención en los avisos que las urnas nos daban sobre nuestra veintiochoava
parte de la UE. Cañete sigue encantado de haberse conocido, Rubalcaba nos deja
en cuidados paliativos, los otros no los entiendo, e Iglesias no tiene una
faz para insultar con su éxito.
Andalucía parece de
nuevo obligada a enseñar el norte a los socialistas, Surennes, puso al clan
renovador de la tortilla a toda máquina con el “pacto del Betis”. Hoy escuchaba
a Patxi López, heredero de aquella fértil historia de hace casi cuarenta años, como
vislumbraba el testigo de la esperanza socialista en Susana Díaz, -de nuevo
Nervión y Guadalquivir.
Las emergencias
socialistas obligan a repensar rápido, y ha sido tan rápido el éxito de la
trianera, que apenas queremos otorgarle
el tiempo de sedimentación con las tareas en las que mantiene su compromiso público. El PSOE que como todos los
partidos ha nacido para gobernar, tiene dos meses intensos para recobrar el
arte de gobernarse y recuperar el entusiasmo de los progresistas españoles.
Las cábalas cabalgan al
trote para las municipales, y lógicamente seguimos en clave local porque los
troncos de la crisis económica, lo mismo que han cambiado trabajo y estado por
la protección interfamilias, no nos dejan ver el bosque europeo para el que nos
convocaron el 25 de Mayo, y nos ensimismamos en el terruño.
Espero que podamos con
Podemos, aspirar a que las opciones progresistas se muevan en las casonas
municipales con las escobillas de mando edílico/a. Digo que se pueda, porque se
necesita el paso de un movimiento de liderazgo singular y unipersonal, a un partido
con todas sus eficacias organizativas, e inoportunos “castizajes” que las
estructura de poder conllevan, por más que me lo pinten de rosa y sobre todo tratándose de profesores de ciencias políticas sus creadores.
El bosque europeo si
estaba en cuarentena y en cuaresma austera por la crisis, le ha entrado un
vendaval otoñal en primavera. Vértigo da pensar que la Francia señera en la
historia de las libertades, manda una tropa de seguidores de Le Pen a tratar de destruir el mapa de la UE, y así
hasta sentar un pro nazi alemán en el Parlamento Europeo.
Urge un cambio de
rumbo, ni cuaresma, ni carnaval. Solidaridad y compromiso de la mayoría de las
fuerzas de la Cámara en torno a un programa dónde solo deben obviarse los xenófobos y los euroescépticos,
con los objetivos señalados de más Europa, con más democracia en sus
instituciones y menos burocracia, más Comisión, Parlamento y menos Consejo. Y
por encima de todo una política económica expansiva, una mutualización de la
deuda de los países y que el BCE extienda su política anti inflacionista,
también a la generación de empleo.
Curro Flores
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