miércoles, 5 de agosto de 2020

NÁUFRAGOS ENTRE LEGALISTAS E ILEGALES


Náufragos entre los legalistas y los ilegales
Varias personas mayores me han dicho que sentían miedo, ese miedo que experimentaron cuando los políticos se apoderaron de la sin razón. Entre tantos  argumentos que han ido imponiéndose en el día a día, sobre el triste acontecer catalán, tejidos por los malandrines,  se ha compuesto el recitativo más funesto y empalagoso sobre la legalidad y a las bravas; pero la oscura y leve palabra miedo  pronunciada por el coro de los años dolidos ha tomado, toda la legitimidad, para imponerse como fuente de la supervivencia y convivencia necesaria.
Desconocemos a Rajoy y Puigdemont, o más bien no nos gustaría  conocerlos. Uno parece contratado por una compañía de seguridad para celar por el cercado, otro parece un siniestro diablillo al que le gusta saltarse la cerca a la torera. Pero legalista e ilegal, se comprimen en su papel, frustrando a la razón y animando a sus parroquias, alejándose del espíritu que se labró con nuestra Constitución, que es más de diálogo que de letra impuesta, a pesar de los leguleyos.
Dicen que ya es tarde, pero apelo al refrán –“nunca es tarde si la dicha es buena”, el Congreso ha aprobado una comisión de diálogo, y es esa mesa la que debe vitalizarse, para acabar con la rutina de votar a la ligera, o te mando los niños a la calle, o la extenuante batalla de la búsqueda de la urna perdida, o te  mando el cañón de agua.
Mucho he leído estos días sobre la falta de calidad, y altura de miras de las nuevas castas políticas, incapaces de superarse ante las circunstancias adversas, por el espeso dogal del arribismo y la burocracia, que ha superado con creces el sentido último de los que se quieren ocupar de lo público.
La crisis económica ha tapado muchas huellas del difícil camino que se corrió para romper con la dictadura, y darnos un modelo de convivencia democrática, ahora  los nuevos sátrapas graduaditos de guerrilleros McDonald, quieren infundir a las nuevas generaciones que la Constitución venían en el kit del testamento de Franco ¡vaya desvergüenza!
La Constitución ha costado sangre, sudor y lágrimas a los españoles, cambiar parte de su articulado, adecuándolo a los signos de los tiempos, también costará, pero entre los padres de la actual Carta Magna, había dos excelentes catalanes, Solé Tura y Roca, me imagino supieron darle sentido y largueza a su visión del estado de las autonomías, y me parece más que funesto, que Puigdemont para exigir su cambio haya transgredido hasta sus potestades como presidente y máxima autoridad de Cataluña.
Legalistas e ilegales nos llevan al naufragio, y ha hecho aparecer la palabra miedo ligada a la política, mientras “todo pasa, y todo queda”, como nos enseñó a evocar Joan Manuel Serrat, tenemos que reiniciar una profunda charla entre todos para mejorar al “hacer camino el andar”.
Curro Flores


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