miércoles, 12 de agosto de 2020

LOS CUADERNOS AZULES DE JOSEMA


Los cuadernos azules de Josema
Sale a estanterías de librerías y kioscos de prensa, para el entusiasmo de las huestes el segundo tomo de las memorias de José María Aznar. El hombre, entre carreras, flexiones, cafelitos consorte con leche en la Plaza Mayor, consejos de administración, otros consejos, tener la mosca detrás de la oreja, conferencias, pasear el perro por las playas de Marbella y destilar FAEnas, coge el boli y se calienta los cascos ayudado por sus cuadernos azules. Así podremos darnos cuentas que era un presidente de provecho, lo que hacía y deshacía, lo apuntaba en sus blocs con ese sesgo imperioso que da ser testigo en primera persona del singular. Historiadores, médicos forenses y hagiógrafos, lo tienen más fácil que los becados por la Fundación Felipe González a la hora de desarrollar sus investigaciones,  Felipe es ágrafo, aunque  con un verbo más resistente.
Nos advierte el autor en su entrevista de promoción dominical que el libro se pasea por sus años en el gobierno, pero que obviamente no está todo, porque por suerte las historias interminables ya tienen su sitio en la literatura mágica.
Los cuadernos azules, que no de otro color, están en una caja fuerte, guardados celosamente por el autor, para que constituya en el futuro una saga de Indiana Jones en busca de los apuntes jodidos. Los sacó para un sesión fotográfica, como el que saca la primera edición de El Principe,  El Sinodal de Aguilafuente o El Tirante. En esos cuadernos, como en las libretas de Mou, se nombraban ministros y se tachaban los servidores prestados, se chapurreaba catalán y chicano, y chapoteaba en gallego y hombre poco dado al chismorreo, se chismorreaba a si mismo sobre la hazaña histórica del día como la retoma de la isla de Perejil, de mayor valor literario que la ínsula Barataria.
Poco dado al materialismo histórico, con esa dialéctica que da el estar encantado de haberse  conocido, anula de sesgo la capacidad de la izquierda de tener una perspectiva histórica, que en lenguaje del vencedor, es dejarnos en la cuneta de la memoria histórica rellenando panfletos de lo que pudo ser y no será.
Entre  Pio Moa y el  mito Churchill, protegido por la inteligencia  de la historia y por la seguridad que da la Academia de la Historia Española, revalidará sus memorias como la mismísima definición del franquismo, los Papa Noel y los Reyes Magos pondrán en las zapatillas de diseño de los seguidores del FAES thinking, el mamotreto augusto del presidente añorado.
Advertencia: Los sobres son sueldos, y no sobresueldos, por los servicios prestados. La receta a la crisis, menos regulación y menos impuestos a los amiguetes.
Curro Flores



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