¡Más madera!
La expresión mítica que
siempre hemos atribuido a Groucho Marx, -¡más madera!, como desmadran los
cánones de la traducción, realmente era “¡traed madera!”, pero vete a arreglar
el entuerto, cuando el dicho se convierte en voz colectiva. De todas maneras
aunque estamos entre las fiestas de coger algún tablón por efecto del alcohol,
mi intención no es otra que hacer una referencia al tren socialista.
Diciembre nos traía una
mejor encuesta que noviembre para el PSOE, de esas minúsculas alegrías que
tonifican los músculos para la estación de la primavera municipal de 2015, pero
inmediatamente los repartidores de zarandajas, nos bombardearon con noticias de
los revisores que ponían en cuarentena al maquinista, Pedro Sánchez.
El 13 de julio se
eligió Secretario General del PSOE, por
primera vez desde 1879 por el voto directo de todos sus militantes, el tren
repleto. El viaje que se comprometió a liderar era el de los tiempos difíciles,
dónde desde la máquina, la estructura de los vagones, los asientos y hasta el
ancho de vía había que adecuarlo para no descarrilar.
Estamos asistiendo a la
singular formación de Podemos, entre la mezcla de democratitis circular a
aparatitis vertical; al silencio de los populares a la espera que el dedo
benefactor de Rajoy les confeccione las listas municipales y al trajín de los
lampantes. A estas inconsistencias democráticas la elección de Sánchez es de
esos argumentos de autoridad, que más que un pesar, representa un salto
histórico para una mayor profundización en la libertad formal que deben tener
las formaciones políticas en España,
para ganarse el respeto de los ciudadanos.
Sin perjuicio de que
los revisores quieran vigilar la esencia del recorrido, y que algunos o algunas
los tientes algunos forofos del motín a bordo, el único camino que tiene el
tren es el de sanearse, cumplir con voluntad su viaje al grito de Groucho -¡más madera! Y sin otro ruido que el de la
canción “El chacachá del tren!
Hoy, convivimos con un
acierto de la historia, Obama y Raúl Castro han abierto el camino para
normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ojalá las jornadas
difíciles que esperan, se resuelvan pronto, y los cubanos salgan del injusto
bloqueo.
De Fidel Castro guardo
en la memoria de aquella época su discurso de defensa ante el tribunal de
Batista en 1957 “La Historia me
Absolverá”. Pasado los años de su larga dictadura, solo se me ocurre acompañar
al “Cantinero de Cuba” y tararear tomando con él aguardiente para olvidar.
¡Felices fiestas! Para
todos los que habéis podido aguantar hasta el punto final.
Curro Flores
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