miércoles, 12 de agosto de 2020

MAS MADERA


¡Más madera!
La expresión mítica que siempre hemos atribuido a Groucho Marx, -¡más madera!, como desmadran los cánones de la traducción, realmente era “¡traed madera!”, pero vete a arreglar el entuerto, cuando el dicho se convierte en voz colectiva. De todas maneras aunque estamos entre las fiestas de coger algún tablón por efecto del alcohol, mi intención no es otra que hacer una referencia al tren socialista.
Diciembre nos traía una mejor encuesta que noviembre para el PSOE, de esas minúsculas alegrías que tonifican los músculos para la estación de la  primavera municipal de 2015, pero inmediatamente los repartidores de zarandajas, nos bombardearon con noticias de los revisores que ponían en cuarentena al maquinista, Pedro Sánchez.
El 13 de julio se eligió  Secretario General del PSOE, por primera vez desde 1879 por el voto directo de todos sus militantes, el tren repleto. El viaje que se comprometió a liderar era el de los tiempos difíciles, dónde desde la máquina, la estructura de los vagones, los asientos y hasta el ancho de vía había que adecuarlo para no descarrilar.
Estamos asistiendo a la singular formación de Podemos, entre la mezcla de democratitis circular a aparatitis vertical; al silencio de los populares a la espera que el dedo benefactor de Rajoy les confeccione las listas municipales y al trajín de los lampantes. A estas inconsistencias democráticas la elección de Sánchez es de esos argumentos de autoridad, que más que un pesar, representa un salto histórico para una mayor profundización en la libertad formal que deben tener las formaciones políticas en España,  para ganarse el respeto de los ciudadanos.
Sin perjuicio de que los revisores quieran vigilar la esencia del recorrido, y que algunos o algunas los tientes algunos forofos del motín a bordo, el único camino que tiene el tren es el de sanearse, cumplir con voluntad su viaje al grito de Groucho  -¡más madera! Y sin otro ruido que el de la canción “El chacachá del tren!
Hoy, convivimos con un acierto de la historia, Obama y Raúl Castro han abierto el camino para normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ojalá las jornadas difíciles que esperan, se resuelvan pronto, y los cubanos salgan del injusto bloqueo.
De Fidel Castro guardo en la memoria de aquella época su discurso de defensa ante el tribunal de Batista en 1957 “La Historia  me Absolverá”. Pasado los años de su larga dictadura, solo se me ocurre acompañar al  “Cantinero de Cuba” y tararear  tomando con él aguardiente para olvidar.
¡Felices fiestas! Para todos los que habéis podido aguantar hasta el punto final.
Curro Flores


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