“Operación botafumeiro”
Los mosquitos están
cebándose apurando los últimos días de calor y viven con alegría que aumenten
el número de turistas que les aporten sangre nueva, los restos de las sardinas es lo que le queda a algún gato
avispado entre los cubos de basura y las
migas de pan distraen en los chiringuitos a algunos gorriones que birlan a los
camareros represores. Se apura el sol entre sombrilla y sombrilla, la sangría
se agua con el restillo de hielo. Se cortan
orejas, se cosechan los tempranos goles y los viejos patosos no entramos en las
listas de fichajes antes del treinta de agosto. Sigue la resaca en el
Mediterráneo, siguen bajando los menús por las crisis.
Muchas noticias han
olvidado ya la operación botafumeiro, ese garbeillo peregrino de andar por un
sendero complaciente entre Merkel y Rajoy, que incluía grandes asuntos de
Estado como colocar a Cañete y Guindos,
cantar las excelencias del austericidio y destacar los lazos afectivos de la maquinista
de la locomotora un poco gripada con el fogonero del sur. Los tiraboleiros de
todos los medios de comunicación han esparcido el olor de incienso hasta
atufarnos.
El año pasado el
averiado Margallo nos entretuvo en la canícula con Gibraltar cortando el paso,
este año ha aligerado el paso Rajoy porque las europeas lo tienen en vilo, a
pesar de su juego estrambótico de negar la mayor, esgrimiendo ser el que tiene
los mejores resultados de los suspendidos por los votantes en las europeas.
Unos partidos ya han
celebrado sus primarias y Congreso y tienen nuevo líder; otros tratan de
reorganizarse, otros de organizarse, pero el gurú de siempre ha recomendado a
los populares un chute de vanidad de aquí no ha pasado nada, mientras sabe que
la única argucia que le queda al peregrino es amañar las municipales antes de
quedarse como un icono románico con cara de Mariano.
Las europeas han sido
un aviso para peregrinos de los votantes, y por más que uno ande hacia los
santos, ni yendo de vela en el yate de Amancio Ortega, puede evitar que en las próximas municipales,
manteniéndose la actual ley electoral, los populares no sufran un descalabro de
los que no te salva ni un flirteo con la teutona Ángela.
Europa la podemos
dividir entre la de los peregrinos y los
manifestantes, la creyente y la creíble, pero lo que parece increíble es que en
la España de nuestro tiempo, los populares voceen la peregrina idea de
consensuar un plan municipal amañado – ¡Qué venga Merkel y lo vea!
Curro Flores.
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