¡Al rico tránsfuga!
Pocos malagueños saben
que en las pasadas municipales, encabezaba la lista de la candidatura para
concejales del ayuntamiento por Ciudadanos, don Juan Cassá Lombardía el cual,
después de cuatro años de edil con su intensa labor de sidecar del popular Francisco de la Torre, su lista naranja perdió
un escaño y rompió sus expectativas de crecimiento, de seis a dos ediles, es
decir, perdió uno en el trasiego. Lo razonable es que el meritado señor Cassá,
hubiera cogido el portante en un alarde de vergüenza de buen perdedor.
Como no se ubicó, se ha
tirado una temporada mondando la mandarina, para ver si pillaba un gajo, sin éxito;
pero como el confinamiento agudiza los sentidos, el 4 de mayo recibimos la
sorpresa que se daba el piro de su partido, a nadie le importa un pimiento,
salvo a los nuevos números escaños del Pleno que soportan la alcaldía.
Leímos y, también
escribí dos artículos aludiendo al
asunto, en el primero anuncié que serían las escabrosas artes de Bendodo, las
que arreglarían el entuerto, y en nada me he equivocado, don Cassá ha sido
nombrado portavoz del gobierno en la Diputación de Málaga, con 90.000 euros de
emolumentos, sin más mérito que pronuncia las eses a la “ovetense manera”, no
las heces. En su calidad de tránsfuga, posiblemente sea el español más
beneficiado económicamente por la pandemia, como para descorchar champán y
seguir respirando sus cohíbas.
El disputado voto del
Sr. Cassá no vale un bledo, si los partidos, empezando por el PP actuaran en
conciencia. El 7 de Julio de 1998, San Fermín, se firmó el Pacto Antitransfuguismo,
por la gran mayoría de los partidos políticos españoles, nacido a la luz de la
sentencia del Constitucional por la que el acta del edil es de su pertenencia y
no del partido que lo presentara, sentencia que originó mucho cambalacheo
municipal e inestabilidades de sus gobiernos, siempre amenazados por los tránsfugas
de turno. Así que los partidos tuvieron que poner pie en pared.
De 1998 hasta el día de
hoy, los nuevos inventores del agua caliente, entre ellos Bendodo, han tenido
como práctica juguetear con los transfuguistas, para desalojar al adversario
del gobierno, a tal punto que la marrullería de políticos de poca monta, constituye
un motivo de alegría por el talento desarrollado en la argucia.
Jugar con el dinero de
los ciudadanos, poniendo sueldos vergonzantes y repartiendo dadivas al despechado
de turno, debiera de pasar de provocar algo más que un solemne desprecio, a una
condenable sanción de inhabilitación por el empleo desleal de los presupuestos,
o mejor sería crear el partido nacional de los tránsfugas, con la condición de
que no cobren sus representantes, aviado estamos.
Curro Flores
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