Verbigracia
Hace unos días dimitía
el concejal por el Partido Popular en el Ayuntamiento de Málaga, Sr. Marmolejo.
La renuncia a su acta de edil se debe a que se había permitido adjudicar obras
menores a una empresa de su cuñado en el distrito que tenía delegado: al
parecer, el citado señor no conocía lo restrictiva que es la ley a la hora de
atender los intereses de la familia. Solo pensando en que durante los
ayuntamientos de la dictadura hubo concejales seleccionados por el tercio familiar, se me ocurre este dislate
como excusa.
Todo esto hubiera sido
para mí una anécdota con las que, día a
día, nos distraen las cuitas municipales, si no se me constituye el Sr.
Marmolejo, para sí su partido, en un verbigracia (ejemplo) de actitud. Lo que
hubiera sido un lógico trance de dimisión exigible, triste y elegante, pidiendo
disculpas a los ciudadanos, me lo convierte este señor en toda una
extravagancia partidaria.
El aludido exconcejal,
mantiene su cargo de vicepresidente electoral del PP. en la provincia de
Málaga, sus partidarios le expresaron su solidaridad y arrope, cosa que se entiende
aunque no sin muchísima dificultad. Lo peor es que nos obsequió con una
andanada sobre su excepcional comportamiento, propio y prototipo de sus filas,
para meter el dedo en el ojo de los adversarios. El hecho de desprenderse de su
acta de concejal, tan singular sacrificio, le sirve como modelo a seguir. Yo entendía que una vez que lo han pillado mejor callado.
Todo empezó cuando el grupo socialista del Ayuntamiento
de Málaga denunció, que los concejales del Pp que presiden los distritos
malagueños hacían mangas y capirotes en las adjudicaciones de las obras menores.
Así el de Campanillas, Churriana fue primeramente descubierto y señalado, por insistir
en los contratos hacia las mismas empresas, y en especial la de un constructor correligionario.
Por lo que se ve fue certera la denuncia, y puso el dedo en la llaga, los
presidentes de los distritos habían convertido éstos en un cortijo particular
con apegos ilegales y cuando menos,
sospechosos.
Sometido por el
escándalo en el desgobierno de los distritos, hasta de la Torre se asombró por la
incompetencia de algunos de sus ediles.
Puesto a mejorar, el equipo de gobierno municipal nos
anuncia una batería de medidas que pongan coto a los desmanes, y que instale
luz y asiente taquígrafo en los
actos de contratación municipal ¡a buenas horas, mangas verdes!
Los ediles de menor
cuantía, los de los distritos, verán así reducida su capacidad de acción en los
contratos a dedo, reducidos éstos a jugar con el ratón del ordenador o a moverlos
en las cuchipandas del dominó. Hasta han ofrecido las presidencias de las
comisiones de contratación a los concejales de la oposición, es decir, un
lavarse la cara: están próximas las elecciones. Y lo que es peor reducir las competencias de los
distritos gracias a la incompetencia de los destinados a gobernarlos,
verbigracia.
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