El asesino del mitin


El asesino del mitin
En la excelsa primavera de la democracia española los mítines eran el maná, yo fui de los organizadores, oradores, del público y de la cla; ahora me lo dan por las redes sociales, y con un simple me gusta, puedes expresar mi adhesión, y la nube se encargará.
Con el tiempo las cosas se ponen pesadas, y salvo cuando llaman al ataque, uno se cansa de lugares comunes que se pronuncia a gritos en los mitines, como si se tuviera la propiedad dominical de los mismos.
Tuve un amigo poeta, que coincidí con él en la primera fila del auditorio de un parque desabrido, en un acto casi sin público,  con olores de azahar y a coches de caballos, no sé las elecciones que se jugaban, pero uno de los tempranos presidentes de la Junta de Andalucía, se alargaba a gritos en su discurso, cuando mi compañero se levantó y le largó al orador: -“¡a mí no me grite usted!
Al día siguiente quedamos porque el poeta  andaba algo azorado por su comportamiento, pero amén de disculparse, me dijo que no solo fueron los gritos del charlista, sino las malas artes de expresión del “Cicerón andaluz”, y soltó, -¡para matarlo! A partir de ahí se nos soltó la imaginación, y con nuestra afición a la novela negra, fuimos trabajando sobre la figura del asesino en serie del mitin, no sin clasificar sus potenciales víctimas por sus reconocidos méritos.
La verdad es que después de un plomizo que tuvimos de candidato a la presidencia del gobierno, con resultados dimitentes, que frente a otras grandes virtudes políticas, la elocuencia le abandonó más que el pelo. He seguido la oratoria de Obama, y poco más. Pero ayer un pantallazo en las redes, me alertó sobre un acto de Pedro Sánchez en Málaga, al que le presté atención, me gustó su temario, su manera de argumentar, y sin gritar, también me gustó el entusiasmo que provocó en los nuestros, aunque la cámara delatora nos mostró algunas cariacontecidas, se notaban todavía los efectos de las listas de Andalucía, de “rompa y circunstancias”. No hubiera estado en la lista de víctimas de nuestro asesino del mitin el presidente, por más que algunos estuvieran viendo a un zombi de aspecto envidiable, vivito y coleando.
Ahora que ya no se llenan las plazas de toros con aquellos “mitinazos” de la Transición, y posteriores a gastos pagados de Correa y el Bigote. Casado, más que listas políticas, nos presenta carteles de ferias del lugar, con toreros y ganaderos consortes, su Bigote de rigor, debía ponerles más que mítines corridas con toros en punta, para que aprecien el valor de los nuevos “mazzantines” de la política, y nuestro asesino haga apuestas. Pero eran los finales del siglo XIX, cuando el matador Luis Mazzantini, bastante reaccionario, se lanzó al ruedo de la política, para que volvamos al top10 de las botellas de aguardiantes con nombre de toreros ¡vaya cartel!
Curro Flores



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