LOS DEBATES DEL SIGLO


Los debates del Siglo
El común de los mortales, en especial los masculinos plurales, nos encandilamos con la estupidez de la exageración mediática del “partido del Siglo”, que tocan más o menos, a los derbis tradicionales, los Madrid-Barcelona, las clasificaciones de la Selección, y la cuesta de nuestros clubs en la Copa de Europa, es decir, un siglo de partidos. Normalmente, esos partidos suelen aburrir por su fútbol hasta el más fiebre de sus seguidores, que a expensas de cantar gol, acumula tensiones insospechables. El placebo contra el hastío, es poner atención a los comentaristas, que en dúo, trío o manada, cuentan que te cuentan, para conocer las esencias de lo que estamos viendo, es decir, nada ¡qué cultura!
En esta corta campaña electoral, en la que nos hemos ahorrados los candidatos colgados en las farolas, menos mal, con los vientos que han corrido. Hemos tenido dos debates del siglo, uno de los cinco cabezas de cartel de los principales partidos, y oído lo visto, por aclarar, tuvimos su réplica en femenino, con las candidatas elegidas por los mismos partidos.
Como supporter socialista, no tengo más remedio que decir que han ganado los míos, porque las varas de medir, no son los goles,  son los resultados del domingo, los que apenan nos aclaran la efectividad, de las discusiones del Siglo.
El formato a cinco, que ha enterrado los debates históricos en nuestra democracia de los debates a dos, ha impuesto la política de entrenadores, es decir, buscar las escapadas por la banda, el toque corto hasta el aburrimiento, provocar las faltas y los fueras de juego, los grandes barullos,  estar a expensas de la iluminada solución de las estrellas, o el impulso vital del testarazo del más bruto de los contendientes y contendientas.
Las soluciones a tan importantes eventos democráticos, las suelen dar los comentaristas y especialistas de la cuestión que se empeñan en destacar al gran público,  según su bandería, cual es su criterio sobre los previos y el resultado. Ni que decir tiene, que su esfuerzo, como el del comentarista deportivo es elevar al máximo la categoría de los acontecimientos, para que sus cadenas disfruten de un nivel de máxima audiencia, y el anunciante se encuentre resarcido.
Obviamente, los electores, salvo el sobre con la carta y las listas que recibimos de los partidos, y las entrevistas particulares a los candidatos en los medios, el elementos de las dos confrontaciones podía ser esencial para animar el voto en cualquiera de los sentidos. Pero pueden que ante las grandes dudas, se hayan encontrado un “siempre me dicen lo mismo”, una dialéctica controlada por los equipos de campaña, que abusan de una limitación de la discusión, a un ensimismamiento en los mensajes. Política de piscifactoría, dónde el cultivo de la experiencia culta y vital están muy ausentes.
Curro Flores


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