Tercera reprobación y
agua va
Las reprobaciones a de
la Torre y los suyos, están adquiriendo normalidad en el Ayuntamiento de
Málaga, tanto como las citaciones judiciales a miembros del PP valencianos. Ya
van tres en seis meses. A tal punto que me pregunto por la utilidad de ese
castigo político, si no se produce ni un efecto proporcional aunque sea unas
semanitas de ostracismo. Ahora, un poquito de fingir dolor de corazón, escuchar
los pecados por los confesores, y de penitencia asistir de dolientes de carnaval
en el entierro del boquerón victoriano.
Naderías.
Este pleno le tocaba a
la piscina de Campanilla, que lleva diez años poniendo con el agua al cuello a
los gestores populares, y casi de secano a los vecinos, que no se pueden poner
en remojo si no cogen el kilométrico hacia Campanilla sur, es decir las playas
de Málaga. Campanilla sur lo acuñamos los concejales de la primera corporación,
por la comparación de las inversiones entre Campanillas y el resto de la ciudad
en infraestructuras.
Ayer era el concesionario
y sus descomunales follones y ahora la estructura, y como consecuencia se prevé
su demolición y a pisar los charcos del Guadalhorce, ya que el Campanillas no
se moja más que en la “riá”. Vaya panorama ¡allí no hay playa!
A propósito de la “riá”,
la noche del pasado viernes, mientras las murgas y las comparsas aligeraban sus
gargantas en el Teatro Municipal Miguel de Cervantes, la lluvia llegó tronando
y rápida como los americanos de “Bienvenido Mr. Marshall”. Hizo todo el ruido
que pudo, se desahogó, y si te vi no me acuerdo. Cruce los dedos para no
encontrarnos en un episodio como los que padecimos en Noviembre de 1989, dónde
me pilló de alcalde accidental, sin
teléfono móvil, y mejor no lo cuento por ahora.
Meses antes de aquellas
inundaciones, pudimos conocer en Madrid, en las instalaciones de investigación
del Ministerio de Obras Públicas, la maqueta de la desembocadura del
Guadalmedina y conocer el plácet de los ingenieros para que pudiéramos utilizar
urbanamente el cauce del río.
La inundación destrozó
la maqueta, y ya nadie se atrevía a autorizar la intervención urbana sobre el
erial. Posteriormente apareció Celia Villalobos en campaña, y ganó su sillón de
alcaldesa prometiendo urbanizar el Guadalmedina, unos poquitos de planos que el
papel aguanta hasta el mayor de sus embustes y a reírse de la parroquia.
Curro Flores
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