Querida Atenea:
Paseo por la cenefa de
nuestro mar Mediterráneo sobre un
reluciente rebalaje de arenas submarinas. Mis
huellas van y vienen llevadas por las olas a las alacenas de Poseidón, y
en las que eran praderas de algas se
siembran las sombrillas multicolores y los espetos. Aquí, entre pasos y
sueños, en la Ciudad del solar del Paraíso, cobijado a veces en el bazar o el chiringuito, he
decidido llamar tu atención.
Aspiramos a la
capitalidad Europea de la Cultura 2016, somos una de las 16 ciudades españolas
que deshojamos margaritas. La impronta de los grandes eventos del 92 que
vivimos en España ha dejado su estela. Nuestros munícipes entienden estas
onomásticas como un camino para elevar la moral de las comunidades, y realzan
los hechizos que hagan cuajar nuestras
candidaturas.
Se que las primeras
hogueras en la playa avivaron el encuentro de la mujer sapiens con el último
neandertal venido del boquete de Zafarraya, los ríos se derramaban innominados,
y el maná se hizo en una esplendorosa lluvia de chanquetes. Eso era en un principio.
Después, olvidado el
arcano asentamiento túrdulo, nacimos Malaka, la ciudad fundada por los
fenicios; municipio federado romano, capital de la provincia de Spania de
Justiniano, visigoda, árabe, castellana. Creíamos en Astarté “la diosa de los
cielos”, no supimos de ti, ni tan siquiera recordamos nuestros mitos y sus hacedores.
La historia oculta y deja en ecos
perdidos las creencias e invenciones que no se hicieron poderosas.
Nos bautizaron como
“Málaga cantaora” por nuestra historia flamenca y festiva en los principios del
siglo pasado. Pero resurgimos musicales y coralmente con los sentimientos más
universales. Nos hemos multiplicado por casi cinco desde aquellas fechas, por
eso el violín y timbal se templan con brazos de educación moscovita, nuestra
voces blancas tienen cadencias eslavas y no se pierde la energía y el compás
del cante de la perchelera “Casa de las Monjas”.
En los peores tiempos
de hambrunas disputamos con las gaviotas por la morralla, y mal se calmaban las
desnutridas barrigas con el caldo de unas cáscaras de almejas. Hoy a la par que
crecemos en la cocina internacional, lucimos cocineros de alta escuela, algunos
de nuestros infantes se hamburguesan, mientras persisten nuestras artes con los
boquerones, lo jureles, pulpos y sardinas;
eso sí, el maná primitivo de los chanquetes, ha quedado para ceremonias
de ocultismo gastronómico.
Los responsables del
salvaje desencuentro “los de muera la cultura y viva la muerte” nos prohibieron
a Picasso, otrora indigno, nuestro paisano más excepcional. Ahora su Casa
natal, su Museo son uno de los centros universales de encuentro cultural, cosas
de la democracia que tus Ciudad nos legó.
Nuestra aura irradia en
la montaña dónde el viejo búho descorcha los alcornoques para los días festivos
de jaranas verdialeras. Desde allí las
cantaras de vino de Málaga se vaciaron por todo el mundo, hasta cautivar los
paladares y divinizarse en el cáliz.
La terminal del aire es
Picasso para compartir aterrizajes creativos. El Ave nos desemboca en María
Zambrano para buscar en la certidumbre de nuestro trasegar humano. Por mar te
espera Litoral, ciceros para bodonis entramadas de alma poética. Emilio Prado,
Manuel Altolaguirre, Moreno Villa, José María Hinojosa; con ellos siempre Luis,
Vicente, Federíco. Leal junto a La Farola, Jorge Gillén, vigilia infinita, mar
y amistad.
Sir Robert Scott y sus
comisarios electores de la ciudad a designar, te llamarán a consejo, Atenea,
como señora matriz de todos los aconteceres, tus poderes y autoridad no admiten
las sorpresas. Nos conoces desde lo remoto del tiempo a nuestro actual vivir
cosmopolita, sabes que esperamos renacientes y hospitalarios compartir con
Europa la quimérica Ciudad del Paraíso.
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