A TRUEBA DE BOMBAS


A Trueba de bomba
Ser español aunque pueda estar definido jurídicamente, no es lo mismo que ser cristiano que en la catequesis te enseñan, que lo eres por la gracia de Dios. Lo hispánico suena a más etéreo porque no hay que darle las gracias a nadie, y menos cuando uno recoge un premio nacional contante y sonante de treinta mil euros de las arcas públicas.
Lo más artístico es declararse internacionalista, decir que ni por cinco minutos ha sentido ser de la tribu local, y si por algo suena la cosa más de la cuenta, y la afición se te pone patas arribas, recurrir a que las palabras se han sacado de contexto.
Es cierto, que entre El tambor del Bruch y El milagro de Candeal, se pueden notar sonoras diferencias del sentido del golpe, pero por más que los tambores te puedan provocar afectos  más cercanos o lejanos. Ni Manolo el del bombo hubiera dado un golpe tan sonoro como el de Fernando Trueba.
El puzle patrio, tiene el 27 de septiembre en Cataluña otra prueba del algodón, después de que Gasol y los suyos, nos hicieran crecer unos centímetros de euforia, cosas del contexto de un país que se tararea el himno, porque no hay poema que nos comprenda. Después de oír a Trueba se me ocurre, que la canción infantil de El patio de mi casa es particular, pudiera funcionar bien en la escala íntima de nuestros sentimientos nacionales.
La verdad es que yo no he comprado en el chino ninguna bandera para colgarla en el balcón, y que encima Huan se ha quedado pasmado, porque la remesa de banderas que había comprado para el partido clasificatorio de fútbol, y la final del europeo de baloncesto, se le han quedado plantadas en el superbaratillo de su tienda. Por lo que Huan y familia están desencantados de nuestro patriotismo, y han decidido cambiar las banderas por una gran partida de maneki-neko (gato de la suerte chino) que tienen mejor salida en las coquetas y aparadores españoles, frikies de ocasión.
Nunca me he puesto a medir entre Cervantes y Shakespeare, y menos, por favor entre Napoleón y Franco, como se puede leer en una cartela del Museo del Ejercito de la Coruña. Ni tan siquiera saco pecho entre Trueba y John Ford, por más que el erario público lo haya subvencionado para allanar el camino a un óscar.
Mi vecina de arriba se ha dejado el grifo abierto y me ha puesto la casa pingando, las calles están cortadas porque pasa una procesión fuera de temporada, los espetos de sardinas están por las nubes. Están pasando por la tele una americanada llamada Juego de patriotas, mientras yo leo los desmanes de los mangantes patrioteros Queríamos tanto a Luis de Ernesto Ekaizer, y sin embargo me ha sonado a cuerno quemado las declaraciones de Trueba, ya tan fuera de contexto como este artículo.
Curro Flores




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