Un tranvía llamado
recelo
Me habría pasado
desapercibido -como tantos otros días-, el busto de Rubén Darío; pero el
domingo pasado una salva de cañones instalados en la Plaza del General Torrijos
cerca del Noble: sacaron al vuelo a las palomas de su desayuno, aspaventaron a
los cruceristas, y espabilaron las últimas resacas del sábado noche.
Vi una bandera portada
en formación, suena el Himno sin letra, -me acerco, marcialidad y Darío: “¡Ya
viene el cortejo! ¡Ya se oyen los claros clarines…!”: Un vicealmirante, el
alcalde, -todos en formación-, la Guardia Real y la legión, dos filas de vecinos
con banderitas nacionales. Hasta un Cristo crucificado frente a la Casona, que
entre tantas armas solo pega en Málaga, y gran cuestión después de tantos años
de nuestra Constitución.
A los del cine los
esperan los frikies, y los turistas tratan de no pisar las alfombras rojas, que
los paisanos pateamos como estrellas con panamás y tirolés, y la mañana transcurre: una de calamares por
allí, paellas por doquier, una guiri se compra un abanico, y el verano está
servido.
Me entretiene el
periódico, si ya puede entretener, me salto las esquelas mortuorias y los
anuncios de sexo; el Málaga perdió, y el gobierno sigue en defunciones, no es
casualidad, no encuentro a ningún pariente, ni amigo en los papeles panameños -¡fácil
instalar la inmoralidad en el ambiente!
Hacía tiempo que no
leía sobre el tranvía al Hospital Civil, creí que la polémica estaba salvada,
aunque me reviso, demasiado tema para que la duda no penetre a un alcalde que
ha hecho del recelo un arte.
Felipe López, consejero
de Fomento, que vela por nuestra salud urbana, cree necesario acometer ya las
obras del tranvía, y señala la obligación de cumplir con los plazos de las
obras en tiempo y forma, porque generaría tremendos perjuicios económicos, amén
que sembraría desconfianza en los inversores.
890 millones de euros
costarían la sanción por no cumplir los compromisos con el BEI, y con los
socios privados de la empresa del Metro malagueño.
El alcalde que con su firma
dio el place al trazado en 2013, se desdice, como si se estuviera hablando de
comprarse un lápiz, tan pronto como unos vecinos le han expresado unas
protestas, con una insolidaria actitud ante el resto de los malagueños que por
años han sufrido y aún padecemos las obras del Metro. No sé qué privilegios
tiene estos ciudadanos con respecto al resto, a no sé que Francisco de la Torre
esté mareando la perdiz por motivos electorales en los tiempos que corren… ¡qué
horror!
No sé qué valor tiene
la firma del alcalde, y arriada la bandera si el domingo la juró. Pero el
tranvía de sus recelos no llegará en punto como era nuestro deseo.
-¡Paso marcial!
Curro Flores
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