Pedro Aparicio

Pedro Aparicio, segundo año de ausencia
Hace dos años que falleció Pedro Aparicio, las redes próximas de nuestro rebalaje se
llenaron de evocaciones al añorado alcalde, ciudadano y compañero, y los íntimos nos
pusimos más tristes.
Demasiados momentos hurgo en la memoria, y mis soliloquios tratan de reconstruir los
aconteceres vividos, diarios y a diario, instantes revividos, diálogos ficticio que
construyo estos días. De la crisis que vive el PSOE aventuro su respuesta, Aparicio
militante no hubiera consentido estar un minuto en la silla de Pedro Sánchez, ante el
primer resultado adverso, opciones categóricas de entender Partido y democracia,
cualquiera que fueran las circunstancias de la derrota, y en este caso la inmensa mayoría
de ellas no imputables al actual secretario general. Me ahorro opinar de lo que hubiera
dicho de algunos de los reconocidos opositores a Sánchez en el PSOE, pues aunque era
versado en el fuego amigo, era un supremo enemigo de la falta de entereza y lealtad,
odiaba los cabildeos, su goteo malayo, es decir, sabía exponer y defender su postura,
cualquiera que fuera los costes que le trajera.
Un ejemplo bastante ilustrativo me viene a la cabeza. El PSOE mantenía un debate
sobre la posición de España ante la OTAN. Pedro y yo, tuvimos varias charlas al
respecto, mis argumentos abundaban sobre la posición de nuestro país en el contexto
europeo, nuestra propia fragilidad estratégica, cosas que calaron fuerte entre sus dudas,
muy acorazadas por la tradición de la izquierda española y el antiamericanismo bien
ganado en el franquismo, etc.
Posteriormente el PSOE celebró un Congreso Provincial, y como delegado, defendió su
posición sobre la falta de lógica política que tenía no estar en la Alianza Atlántica, por
más que nuestros sentimientos nos invitaran en el sentido contrario, miré el salón del
hotel en Benalmádena dónde se celebraba la reunión, y su mano se alzó sola, su solo
voto se había convencido.
Días después presidía el Comité Federal del PSOE, y también defendió su postura,
mientras se acordó aquel galimatías –“OTAN, de entrada NO”, a Felipe González le
calaron sus razone, y le hizo una invitación a mantener una charla privada para hablar
sobre el tema.
A los años me sonreía, cuándo Felipe en una entrevista televisiva, reconocía que su
mayor error político, fue plantearle a los españoles el referéndum sobre la OTAN.
La firmeza de sus convicciones, nacidas de la permanente exigencia de la duda, su
capacidad discursiva, su extrema honradez, se inscribe en el recuerdo del liderazgo de
Pedro.
Cultura, imaginación, altura de miras. Nunca hubo un problema menor que no
adquiriera el grado de atención de lo más respetable.
Si existiera la hora en ese punto imaginado del universo para las grandes pérdidas, como
un reloj, Aparicio, pondría la radio, leería todos los periódicos, ordenaría su planeta de
libros, la charla sabia de amigos excelentes, la música siempre la música, en el Sur de
Europa, dónde por extraño sortilegio, nos inclinó y mostró el difícil quehacer de
recuperar en el tiempo la Ciudad del Paraíso.
Curro Flores

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