TORREMOLINOS, AÑORADO OASIS FRENTE AL MAR


Torremolinos, añorado oasis frente al mar
La red te desvaría en la búsqueda al no ser un buen navegante, buscando unos datos, me saltó una referencia a un libro escrito, por mi amigo de juventud, el filósofo malagueño Julio Quesada, que había embutido uno de sus sesudos textos, la referencias a una escapada nocturna en “Torroles” con nuestro entrañable Tello. En aquellos veranos, cuándo podíamos ser capaces de cerrar todas las discotecas, y al alba coger el “Porti”, no sin antes descubrir un texto de Stalin en la España de Franco, en unos de los exhibidores de la parada de autobús ¡cosas de la DESPISTEMOLOGÍA¡
La palabra de Torremolinos, tiene un océano de referencias en la red, pocos saben que el primer alcalde, el añorado Miguel Escalona, una vez que se constituyó como municipio independiente, era uno de esos niños que con su familia tuvieron que hacer el largo camino a Almería en “La Desbandá”, huyendo de las tropas franquistas, y que su sucesor, el anterior alcalde, Pedro Fernández Montes, era consejero local del Movimiento en 1970, un cachorro de los represores de las libertades, en los últimos años de la dictadura, cuándo, curiosamente, en 1971 se hizo la redada de los homosexuales en Torremolinos. Más “despistemología” como diríamos al unísono Julio y yo mismo.
Entre playa y monte, y entre monte y playa, no sin antes aguantar un atasco de tráfico, por eso de recuperar un centro peatonal, pasando por bloques depredadores, de vecinos plurilingües, y hoteles “insersados”, quedando escasos restos de aquella arquitectura relax: el bazar Aladino, algunas casillas  de la Carihuela, y poco más. El actual alcalde, José Ortiz del PSOE, y la concejala de cultura, Aida Blanes, tratan de revivir en el siglo XXI, el oasis de libertad, que significó para España y el mundo, el Torremolinos de los años sesenta del siglo pasado, dónde una pléyade de jóvenes europeos y americanos, se solazaban y creaban, en su nuevo paraíso de sol y playa.
Lo último, el segundo concurso de novela Ciudad de Torremolinos, dotado con 18.000 euros, que le entra a cualquiera  ganas de ponerse de mano en folios; y que me ha evocado a dos libros  que nacieron casi al unísono: “Hijos de Torremolinos”, 1971, de James Michener, escritor universal, que como era obvio, fue obviado por las autoridades nacional catolicistas, en su presentación; y no, como el otro, “Torremolinos, gran hotel”, de Ángel Palomino, que constituyó un éxito de lanzamiento por los afectos al Régimen, ya reconocida la adscripción política del autor. Cosas de la “despistemología”, como diríamos.
Torremolinos era un sarao mundial, desde Rebajes a Edgar Neville, ilustres anfitriones, a Sinatra y  Ava Gadner, ilustres visitantes, todo era un mundo de viejo color. Ahora, toca mirarse al espejo, con unos alrededores crecidos turísticamente, y más cuidados urbanísticamente, recuperar más democracia y libertad, que en los años perdidos en el “baile retro” de don Pedro.
Quizás nos toque arreglar la casa, de la playa al monte y viceversa, quizás eso en la tarea de los buenos anfitriones, sin bodrios sandokanes, como el monumento al turista. Cultivar los detalles, mejorar las instalaciones, el paisaje urbano, los espacios  de convivencia, los síntomas de la libertad de respeto y alteridad. Seguro, vendrán los creadores del mundo a anidar de nuevo, entre los abanicos de pescaito frito. No por buscar eventos originales de los llamados culturales, se consigue algo más que la eventualidad del ave de paso. Ojalá no se caiga en la “despistemología”.
Curro Flores



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