CHURRIANA, EN TIEMPOS DE RECUERDOS


Churriana, tiempo de recuerdos

Hace cuarenta años tan esperado como espontáneo, entré en aquella sala repleta de ciudadanos de Churriana en el salón de la Tenencia de la Alcaldía, los jardines de La Higuereta estaban tan floridos, como repletos de gente, las rosas de pitiminí miraban la bulla de reojo, me acompañaban mis queridos y evocados compañeros Juan Salcedo, Luis, Antonio Fernández, Juan Gutiérrez, cercanos venían Pedro y Luna rumiando sus pareceres, aprendí la costumbre del saludo del amigo policía municipal Antonio Navajas, “veredero” en plantilla, que se perdía entregando papeles del Ayuntamiento por las veredas rurales cercanas al aeropuerto.
A voz en grito se reclamó silencio, me presentaron como el nuevo concejal del Distrito, primero en la democracia, y despaché mi charla sin megafonía con todo lo que me vino la esperanza  a decir, después la hoja de reclamaciones de muchos, muchos años sin decir ni pío, el largo silencio del franquismo, tomar nota y despachar respuestas. Pero mi sorpresa fue la intervención de un vecino que jaleado por todos, denunció que no pudieran hacer “broques” (bloques), en sus terrenillos por culpa de los aviones, como si le fueran a dar las azoteas a los “huevecillos” de los ruidosos aparatos. Eran tiempos de entusiasmo político y anhelo, el de las reuniones sin cronómetro.
Así empezó la tarea que tanto me enseñó de la vida pública, dónde cada persona era un libro abierto, al que se le tenía que prestar más atención que solución, dadas la escasez de las arcas municipales, y porque no decirlo alguna impericia, y que abrió los caminos, de cuarenta años de democracia municipal, dónde espero que la fertilidad haya tenido más asiento, a pesar de los turbios tiempos que corren en la política.
La singular Churriana, fue la primera en tener su Junta de Distrito en funcionamiento de Andalucía y su Consejo, una vez que se aprobó el Reglamento de participación ciudadana de Málaga, el inaugural en la España del sur en vertebrar la sociedad municipal. Los representantes de los partidos debatían de las cuestiones que les afectaban a los vecinos con las asociaciones.
La Junta de Distrito entendió y discutió el Plan General, que con los años sería el documento que definió el cambio radical hacia la Churriana actual, de cómo pavimentar la Tosca, la entrada de San Julián, resolver el problema de las chabolas del Cortijo de Mazas, de llevar agua a muchos vecinos y solventar el problema de los cortes de la misma, de cómo actuar sobre la incontrolada urbanización que había crecido en La Noria, llena de casas ilegales sin servicios, la compra del terreno para la ampliación del colegio Manuel Fernández, al que el ruido aeroportuario tenía en exaltación permanente a profesores y alumnos, y sigue. Se creó la primera biblioteca y el  hogar del jubilado en la tenencia de alcaldía. La falta de unos servicios sanitarios en funcionamiento, eran la queja de cada reunión, hasta que se pergeñó una solución con las dificultades de la época.
Estas someras acciones que he recordado a vuela pluma, estaban adobadas por reuniones sin fin, cargadas de ideología dónde se llegaba a discutir desde la exclusividad o no del “guarro de San Antón” por la Junta de Distrito; hasta si la romería de San Isidro era municipal o sacra,  problema que llevó a más de un dolor de cabeza, y más, en las comunidades que se reclamaban los poderes.
Como todos los melones se estaban abriendo en aquellos primeros años de democracia, y con la rivalidad latente con Torremolinos, también aparecieron colectivos que reclamaban la autonomía municipal, a tal  punto que una vez me la pidieron para Churriana por el artículo 151 de la Constitución, como Andalucía. Los redactores  del proyecto simplemente cambiaron el nombre de Andalucía por el de Churriana en su propuesta. Las disposiciones transitorias eran de “chupa de dominé”, pedían el cambio inmediato del nombre del aeropuerto de Málaga, por Churriana, poder negociador con las autoridades militares del Campamento  Benítez y la base aérea, y la redacción del proyecto del futuro puerto de Churriana, y ahí queda eso.
Todo ha cambiado mucho, desde el café  en el bar de La Higuereta, cuando llevados por la inopia, iniciamos en los presupuestos municipales, el saneamiento del carril de Hutchinson, que en su tercer presupuesto con esa denominación, se aclaró que se estaba haciendo el saneamiento total de Churriana, que hasta aquel entonces aterrizaba en las mismas pistas que los aeroplanos.
Los jardines de la Cónsula con sus esmerados jardineros, tapaban el abandono de su singular edificación, hoy gran maestra de muchos profesionales de la hostelería malagueña. Saboreé alguna vez sus aguacates, mientras me empapaba de su pasado de los  Hemingway, Welles, Ordoñez en los descansos de sus veranos sangrientos. Allí la guitarra del malagueño Pepe Romero, la primera figura mundial en la guitarra clásica deleitó, al congreso mundial de las academias del castellano dirigido por don Manuel Alvar, presidente de la R.A.E., y Paul Simon con Carrie Fisher asistieron a la presentación de la feria de Málaga.
Guardo en mi memoria la foto del regreso de Brenan, que mi amigo, el director Pablo Juliá, director del Centro Andaluz de Fotografía, hizo que fuera primera página de muchos rotativos. La casa en la que vivió Brenan era un desconchón, y de pensar que en ella estuvo viviendo Bertrand Russell, Arthur Koestler junto a otros grandes intelectuales, desde la que Gamel Woolsey escribió “Málaga en llamas” horrorizada por los bombardeos nocturnos que veía en la Málaga de la Guerra Civil. En el Carambuco pude visitar al más insigne antropólogo Julio Caro Baroja, y trabar amistad con Pio Caro, su brillante y entrañable sobrino quién la habitaba.
Tengo ante mis ojos “El laberinto español” de Gerald Brenan, dónde tanto que aprender para los tiempos que corren, pero no me resuelve el dilema, por el  que una mansión ilegal edificada por una compatriota en la zona de protección de los manantiales, se le aplique el criterio constitucional por el que prevalece el derecho a la vivienda para mantenerla, mientras se fastidia la comunidad.
La Churriana, dónde tanto aprendí, y sobre la que me apliqué con denuedo, no la conoce con los años ni la madre que la parió; hoy tiene el túnel más ancho de Europa, en su Sierra que vigila Málaga, es la primera en las fiestas malagueña, y su comunidad crece con la generosa peculiaridad del acervo histórico de sus vecinos naturales, y hasta dónde me llegué el recuerdo, mi barriada querida, siempre estará conmigo.
Curro Flores

                                                                                                  

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