“Corinavirus”,
lo que nos faltaba
La
primera noticia sobre el triángulo financiero entre el Emir, el Rey y Corina,
me llevó al fácil juego de palabras del “corinavirus”. Inmediatamente
entusiasmo a las tribu de la red, pero un señor reprendía mi actitud, con un
calificativo inapropiado en su afán de monárquico a fuer de la herencia
recibida.
Esencialmente
mi forma de gobierno ideal es la república, pero como los socialistas y tantos
republicanos de otras ideologías, hemos sentido afecto, respeto y aceptado de
conformidad la figura de Juan Carlos I, desde su primer discurso en las Cortes
electas comprometiéndose con la democracia en España, su escrupulosa a presencia política
constitucional en el curso de los
mejores años de paz, desarrollo y concordia que hemos vivido los españoles, más
su decidida presencia la noche del 23F frente a los enemigos de la Patria.
Difícilmente,
una persona interesada por la política se les podían escapar los cuchicheos
sobre Juan Carlos, tan propios de la Villa y Corte, pero como se decía entre
los gremiantes, en España la libertad de comunicación estaba vedada en la
época, a los affaire de la Corona, a la
acción de la guardia civil en la lucha contra los criminales de ETA y al Corte
de Inglés que era quién pagaba los anuncios. Así que cuando en medio de las
recomendaciones contra el corinavirus, apareció la noticias de los 100
millones, casé y cacé la veracidad de la noticia, tan acostumbrado por años a
destripar sus contenidos.
Sería
injusto, después de haber vivido la Transición, traicionar a Juan Carlos, como
actor y placebo de los dolores de dudas que nos hicieron convivir en paz.
Lamentablemente, el día que tuvo que pedir perdón, por su bárbara foto en la
matanza de un elefante, aunque pidiera perdón, se me cayó un personaje
respetado a pesar de los pesares de la herencia recibida.
No
me pidan ser monárquico, ni tan siquiera buen republicano, pero si que me sume
a la necesidad de honorabilidad de
nuestra primera institución constitucional, que debe ser impoluta en cualquier
tipo de manejos personales que atente contra los principios legales
establecidos.
No
creo que la decisión del rey Felipe, no haya sido dolorosa, pero ojalá su
actitud no quiebre el devenir de su aceptación. Mientras todos los españoles
como el Conde de Monte cristo en la
cárcel del castillo de If, preparamos nuestra venganza contra los virus
que nos acechan.
Curro
Flores
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