SORPRESA EN LA RED


Sorpresa en la red
Me había prometido ensayar una de tesoreros de partidos, expuestos como están a emborrizarse y tragarse el marrón oscuro de sus organizaciones. La temporada de democracia que llevamos, nos ha dado Navarro, Naseiro, Bárcenas…personas de  aquí, acullá. El asunto es tremendamente socorrido, visto el entusiasmo social que hay para poner en solfa la financiación de los partidos, más cuando desde el  excepcional invento de la democracia, éste es el caballo de Troya y el campo  de batalla de la desigualdad de armas entre las derechas y las izquierdas.
Me subyugaba tratar  el tránsito desde las lealtades  mutuas, los amores incondicionales entre jefes y guardianes de las arcas, hasta el oprobio, la descalificación absoluta, o el silencio acobardado mientras son sentenciados los recaudadores. A pesar de que las circunstancias no son comparables, en lo personal y político de los casos conocidos. Unas páginas del maestro George Steiner, de su libro Lecciones de los maestros, las de  su interpretación sobre la metáfora  de Judas, en el Nuevo Testamento, da toda la síntesis necesaria del juego entre el líder y los encargados de la bolsa de la organización. Eficacia, confianza, complicidad, celos, deslealtad, despecho, y en suma dinero.
Pero la sorpresa cabalga a ritmos de bits prodigiosos, y el asunto del “barcenismo” me produce hartazgo, de lo que se aprovechará Pedro Arriola y sus asesorados. Unas palabras de saludo matutino de esas que levantan el ánimo por encima de los bits que las traen, me envolvieron en una charla a 140 caracteres de las que pasan del entusiasmo y Phasmina, a la perplejidad y de ésta a la rabia.
Esta persona tan cordial y entusiasta, conforme hubo más brotes de sinceridad, hizo amanecer su soledad frente a un ser que trataba de masacrarla en una de las suertes más sibilinas de la violencia doméstica, la económica. Seguro en el tránsito hasta  ésta forma de violencia, ha habido un juego de miedo y connivencia con el poder de su casa, y brotes de ese surtido de indelicadezas de los que se creen con el derecho a mancillar.
El delito doméstico, tuvo un retrato magistral en la película Gandhi, cuando el maestro  consagrado en su lucha con sus satyagrahis en la granja, quiso imponerle a su esposa el deber de limpiar las letrinas colectivas. Esas escenas después edulcoradas con los gestos de arrepentimiento, son también de esas metáforas que pueden ayudar no solo a entender la jactancia del poder, sino de la necesidad de imponer y educar en el sentido de la alteridad, que de todos los sentidos de nuestro ego es el que tiene más atrofiado.
Mi solidaridad, apoyo, e impulso a la esperanza rodeada en Phasmina, sorpresa en la Red, que como tantas otras innumerables mujeres soportan a innumerables hombres sujetos de un rechazo vigorosamente públicos.
Curro Flores


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