EL GRAN VEIGADARES DE LA ESENCIA GALLEGA


Gran Veigadares de la esencia gallega
Los Niños se habían anunciado, ahora los Miños, Pepiño y Xoaniño, una sincera amistad forjada entre ilusiones políticas, encuentros de Vigo y Málaga, amor a los terruños, una vitalidad y tensión cultural como conversación, y un mirar cariñoso de futuros a futuros.
Niños era la forma cariñosa en la que llamábamos Carlos y yo, a nuestros amigos gallegos; pero como los años son así, la arruga dejó de ser bella y los pliegues de nuestras dermis estaban erosionados por más que sometidos, así que entre risas lagartas, en nuestro último encuentro decidimos que Pepe y Juan serían los Miños.
Llegaron en el AVE a la estación María Zambrano, alegrías mutuas, aposentos, plan de viaje, paseo por el Puerto. Antes como dos generosos corsarios nos traían: dos cajas de ostras gallegas, cuatro bueyes de mar, un pulpo de Pereira cuasi congelado, orujo gallego, tarta de Santiago, una enorme hogaza, dos fuentes de  Sagardelos, y una pota gallega amiga de conjuros.
Carlos se los llevó temprano a las distintos compromisos que tenían establecidos los Miños, a mi me habían dejado la cocina, me había comprometido a celebrar los manjares gallegos: unas ostras gallegas, buey de mar con salsa rosa, y en recuerdo de  un viaje a Ferrol de juventud, un pulpo a la mugardesa, que después de despacharnos el hambre a media tarde en la taberna Muelle 43 de Mugardos, nos supo al mejor forjado manjar de mar y tierra.
Tenía guardados  dos botellas de Gran Veigadares, reservadas para la mejor ocasión, un excepcional albariño de Martín Codex, capaz de hacer bailar una muñeira al caballo blanco de Santiago.
La mesa estaba preparada, fueron casi puntuales, y nada se hizo esperar, nos sentamos frente a las fuentes de Sagardelos, repleta de ostras una, sobre una capa de hielo picado y  la otra con los bueyes de mar diciendo que me comas. Pepiño magister en vinos gallegos se emocionó al ver las botellas de Gran Veigadares y nos repletó de su hagiografía desde el Pazo de Almuiña, dónde está su fuente, 24 hectáreas de viñedo cuidado en un vergel de aromas, dónde le pide paso la península a Galicia para vivir los amores oceánicos.
Supimos del mejor albariño, mientras se paseaba el Atlántico por nuestras bocas. Un color de sol y paja húmeda. Gran trasiego de contrabandista de sabores a mar, huerta briosa, bosque de saudade y alegría de Dos Ladrons, hasta se te queda un aroma a cante de ida y vuelta de todos los gallegos que se fueron a Cuba, y volvieron en habanos de vapor.
El Gran Veigadares, nos paseó por los ostreros en la movida de Vigo, nos llevó de Castelao a Cunqueiro, sentimos a Rosalía de Castro, nos volvió incrédulos al evocar las magnitudes de creyentes por los caminos de Santiago, gritamos  vida desde Finisterre hasta las Rías Baixas.
De la Veiga de Ares a Málaga, mientras la queimada, esperaba el conjuro que nos alejaran a las Meigas, camino de una siesta reparadora que hasta los Miños durmieron a cuerpo de rey.
Francisco Flores

No hay comentarios:

Publicar un comentario