Contra la banalización
del Día Internacional de la Mujer
Todo debe empezar
poniéndose uno en el pellejo de las mujeres, con conciencia ética y un sentido
fino de la alteridad, para que la conmemoración del Día Internacional de la
Mujer Trabajadora, no nos haga cómplices de los melifluos juegos del comercio, que
tratan de vampirizar a una fecha de lucha y reivindicación, con fetiches y
mensajes publicitarios ajenos a su más profundo sentido. No es celebrar haber
nacido mujer, sino poner el dedo en la llaga de las profundas diferencias que en las distintas sociedades se resisten a
cambiar por la condición de género en contra de las mujeres.
Desde que Clara Zetkin
propuso en la Conferencia Internacional de Copenhague en 1910, el día 8 de
marzo, como el Día Mundial de la Mujer Trabajadora, se cristalizaba una fecha
anual de referencia en la lucha de la mujer contra el patriarcado, la desigualdad
de géneros y la opresión social, familiar y laboral.
La Conferencia de
Beijing celebrada en 1995 abrió una puerta mundial, para que los 189 países
firmantes fueran rompiendo las barreras de la desigualdad en sus legislaciones,
actos de gobierno, educación, etc. Unos
más y otros haciéndose los remolones se va avanzando hacia la igualdad de
géneros, pero con un resultado que prosigue negativo en todos los estados del
orbe. A tal punto que el objetivo de igualdad mundial fijado para 2030, vista
la lentitud con la que se evoluciona no prevé un horizonte menor de 75 años.
En 20 años en España hemos vivido muchos
cambios, a tal punto que los que hemos perdurado en dos espacios generacionales
con sus arquetipos educativos tan diferenciados, como los de la dictadura y la
democracia, lo que ahora nos parece lo normal, nada más que tenemos que mirar
por el espejo retrovisor de nuestras vidas para darnos cuenta del salto dado, y
todo debido a la insistente lucha de muchas mujeres y algunos hombres, escasos,
comprometidos con la igualdad. Todavía la brecha salarial, la representación social y profesional en los
órganos de decisión, la lacra de la violencia de género, el control de la
imagen pública y el paro se ceban con la
mujeres, y conviene en esta fecha hacer recuento y reflexión, para darnos cuentas que es necesario cobrar
impulso para mejorar nuestros objetivos.
El 8 de marzo de 2015. “Día
de empoderamiento a las mujeres, empoderando la humanidad ¡imagínalo!”, como
reza en su eslogan, nos hemos embotados de noticias e imágenes sobre la
desigualdad y la opresión lacerante que sufren las mujeres en muchos países. No
es la onomástica de una victoria, sino una meta volante de una carrera
interminable. Por eso, las evocaciones con que el mercado tratan de envolverlo
en papel de celofán no merece otra cosa que mi repulsa.
Los mercaderes del
templo son tan eficaces e insistentes, que a veces siento el templo en un lugar
pequeñito y alejado dentro de de una gran superficie comercial.
Quizás en tiempos de ¨Cuaresma, el buen cristiano, se sienta inerme y triste
con la exuberancia de riqueza y fiesta barroca de nuestra Semana Santa, en nombre
de la creencia y la evocación del camino del Gólgota. Imagine como se pueda
sentir la mujer creyente en la igualdad de géneros en el pastiche comercial de
rosas sin espinas. Por eso, si lee lo que he escrito, espero de su eco, para no
dejarnos aplastar por los anuncios de apoderamiento de los que todo lo
convierten en codicia.
Curro Flores
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