El
Estado pendiente
Si
el Estado estuviera endiosado, seguro que mandaría a su hijo a predicar y
redimirnos, para que lo sacrificaran los poderes sin lavarse las manos. Pero el
Estado se enfrenta solo y se aferra a un terreno por el miedo a volatilizarse, entre
los tiras y aflojas de todos sus cercados.
Ayer
estaba el Estado español en busca de sus políticas en el Parlamento, eran las
dos primeras embestidas del control al gobierno, Presidente y Jefe de la
oposición se demandaron política de Estado con mayúsculas, y el Estado siguió a
dos velas, victima del tacticismo de todo lo que ha venido.
La
última gran crisis del neo-capitalismo, nunca leyó El Capital de Marx, dónde
profundizó sobre las crisis cíclicas del capitalismo, y se habían aferrado a
creer que todo iría por una autopista perenne sin desviaciones y socavones,
endeudando hasta a los zombis. Las ruinas provocadas en España han desordenado
el puzzle político, nos ha dado
sorpresas más que lamentables y muy desagradables, y con la división y la polarización
partidaria, tenemos las cabrillas perdidas, y los desconciertos son el terreno
abonado para la demagogia, camino para los que quieren poner el Estado a su
nombre.
Cuando
el innombrable murió entramos en un pulso entre rupturistas y reformistas, que
se ensambló entre el ruido de sables, quizás Felipe González con su capacidad
verbal, lo maximizó como “el acuerdo armónico entre reforma y ruptura”, lo
cierto es que no sonó la armónica por casualidad, sino por un afán de lo que
hoy se demanda política de Estado, la que sacrificó mucha dogmática que se
había amasado en el boca a boca clandestino, y en el servicio a las leyes
fundamentales del Movimiento. Hace poco hurgando entre unas encuadernadas
revistas de los tiempos en que se iniciaba la Transición, pude para mi
curiosidad leer una entrevista a Martín Villa, me sorprendió su intuición para
prever el guión de lo que vino y su
distanciamiento de algunos de los acuerdos que se hicieron normas del Estado.
Creíamos
que el Estado de las Autonomías se había consolidado, como nuestros primeras
filas predijeron, a la par que cada incauto se hipotecaba en la desmesura,
hasta que empezamos a familiarizarnos con la prima de riesgo, el desnudo
de Albert Rivera, la coleta de Pablo
Manuel, y la madre de todas las corrupciones, que se ha llevado por delante un
Gobierno, y los peores nacionalismos
viscerales han surgido. Mientras que el Estado necesita alimentarse de
consensos, todo está instalado en la
divergencia.
Quizás
mi amigo Ángel Valencia, desde su cátedra de Ciencias Políticas, pueda
encontrarnos alguna pócima mágica de su laboratorio científico, para que el
Estado se ponga como el primer oficio. Del declinar de la experiencia política,
salvo Maquivelo, pocos consejos pueden
conformar un aurea dicta, a mi nada más se me ocurre, y ya que los
gobiernos lo hacen para su reflexión, proponer unas jornadas de acercamiento en
un Cigarral, Caserío, Pazo, Masía y al final Doñana para riá ría pitá, porque
la Trapa, que es lo que se merecen, es con silenciador. El Estado pagaría con
gusto estos encuentros, siempre que nos
ahorremos inquietantes titulares.
Curro
Flores
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