Organistrum, el gran
lutier de albariño
La primilla sin
parsimonia posaba su sombra sobre el racimo de albariño, oteando su caza desde
el cielo, mientras, sonaba la brisa cansada del Atlántico que busca el oriente
entre los viñedos de Cambados.
El cernícalo emigrante
posado devorador en la cepa, recordaba su tiempo en el inmenso bosque francés
de Tronçais, dónde poseyó casa en un roble de Allier y amistad con un búho real
que miraba en francés. De esto le habló a la uva cercana, que como un lutier
curioso se sahumaba, para aprender de las sinfonías de los árboles, y
exprimirlas hasta la mejor de las notas en ecos de madera.
Albariño para
organistrum pidió ser embasada, y mecida con levedad sus lías en un barril de un roble centenario,
antes de mudarse a los espacios del mundo humano, para buscarse la vida con el
mejor de las artes de gustar y embriagar.
Con su solemne porte
Organistrum vino a la mesa con ese color rubio transparente de príncipe, fresco
y untuoso que respiraba todos los sabores con su delicada vitalidad frutal y
tostada.
Frente a él le
esperaban los parejos pimientos de Padrón, jugando a la suerte de pico y no
pico, como dice el buen gallego de todo: -“...uns pican e outros non”, las migajas del buen pan de Cea, y los
sorbos del albariño, me hicieron soportar la magia de un ají verde criado con las aguas del Sar.
El grelo de verde vivo
húmedo, y el chorizo brioso de un rojo de mil batallas, ponían color a la
fuente, dónde la blancura tenue de los cachelos escachados, y un lacón mimoso y
tierno de un cerdo feliz de denominación de origen de Galicia, pasaban a sorbos
del gran lutier de albariño.
Organistrum nos hizo
vivir en paisanaje con la tierna tetilla, esas mamillas de queso que Plinio
conoció, de la leche de las vacas rubias gallegas, que recogen las campesinas
al ocaso entre hórreos somnolientos.
El último sorbo con las
cocadas del Ferrol, nos guían de
Padrón a Santiago con pasión renacida en
el paisaje gallego. Una lluvia como de hisopo arzobispal, nos cae mientras caminamos
al Pórtico de Gloria de la Catedral de Santiago, dónde existe restaurado su
Organistrum, gracias a las bodegas Martín Códax. El grupo de Música Antica
Martí Codax, nos iba a poner en trance interpretando con belleza la riqueza
armónica del arcaico instrumento.
Un día en Galicia con
Organistrum merece interminables filas de peregrinos.
Francisco Flores
No hay comentarios:
Publicar un comentario