Billy el Viejo y demás
inmundicias reclaman Justicia
El atroz Billy el Niño,
huye de las cámaras con la marcial ortopedia del maniquí que luce medallas de
miseria sobre añil en su ajado pergamino vital; el doctor Vela, la alimaña que
robaba los niños a sus madres para hacer caja con inhumana sinrazón, comparece con 87 años ante
la Justicia; el cadáver de Franco entre vanagloria, y tantos otros desmanes que aparecen para recordarnos, aquel
cierre de página de la reconciliación nacional, que cristaliza con nuestra
Constitución, por nuestra ansias de libertad, democracia y paz social.
Aquellos tiempos
inciertos de la Transición, dónde renacíamos con alegría colectiva, entre el
ruido de sables y los crímenes de ETA, dejaron cuentas inasumibles para una
sociedad que responda en plenitud a los derechos humanos, y la lógica exigida
por los signos de los tiempos.
Hoy, el grupo municipal
socialista de Málaga, ha pedido que la vieja prisión malagueña, se transforme
en un centro cultural con referencia a la memoria histórica, cuánta tragedia,
en los tiempos de la Málaga sufrida por culpa del joven fiscal, Carlos Arias,
el carnicerito que mandó asesinar en las tapias del cementerio de San Rafael,
tanta esperanza y energía malograda.
Después de la
indulgente reconciliación nacional, estamos en la hora de la intercesión de
nuestras conciencias, a pesar de que le remuevan las tripas a Albert Rivera o
Rafael Hernando y sus corifeos.
Y al poner en claro
tantas cosas, me viene a tropel la sentencia de La Manada, más la libertad
provisional de los repugnantes reos. La independencia del poder judicial, y el
respeto a las sentencias judiciales, son mantras obligados de los demócratas, y
no es extraño que político e informadores, pongan estas consignas
constitucionales, antes de expresar su maldición a la sentencia judicial de La
Manada.
La independencia del
poder judicial, que nos la hemos ganado los españoles, mientras la inmensa
mayoría de nuestro aparato judicial hacía guardia a los dictados del Régimen,
sin que clamaran por su independencia, pone en tela de juicio el funcionamiento
de nuestra Justicia, por más que nos lo creamos los más auténticos demócratas y
los de boquilla, la independencia más que un clima de garantías procesales, nos
está evidenciado unos dislates impropios y unos tufos de prepotencia, que en
algunos casos expresan más que la ceguera de la justicia, la ira de Polifemo.
El poder político del
Estado, está sometido a una permanente vigilia y discusión de sus acciones por
los ciudadanos y los medios de comunicación, sin entrar en más. El poder
judicial, sino fuera por el morbo de los reconocidos casos que se juzgan,
difícilmente se verían sometidos por la luz y taquígrafo del control
comunicativo, así que poco sabemos, salvo que lo padezcamos. Es mucha tarea, para
el presidente Sánchez y sus activos parlamentarios, pero quizás la próxima
legislatura, debemos trabajar por ganarnos el respeto a las sentencias
judiciales haciéndolas más respetables.
CURRO FLORES
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