Camaleones


Camaleones
No es malo para la especie, encontrarse con una buena noticia que atañe a los camaleones. El variopinto reptil que se encontraba emboscado en reductos cada vez más pequeños de su  hábitat malagueño, y que perdía congéneres al paso de  los ladrillos, va a ser criado en cautividad para aumentar su número.
Así el Ministerio de Medio Ambiente y la Federación de Municipios y Provincias han premiado la idea del Ayuntamiento de Málaga, por la cual, un Parque Zoosanitario, que se situará en la zona de la Virreina, cuidará, emparejará y criará a los nuevos camaleones, tratará de sanar a los enfermos y los sacará de su cautividad a corredores ecológicos  preparados por las zonas de San Antón, Monte Victoria, el Morlaco y Gibralfaro ¡no es mala noticia!
Maquiavélico y camaleónico, son dos adjetivos que le hacen una tremenda injusticia tanto al  excepcional pensador político, cómo a los camaleones: ni uno responde a la astucia redomada, ni los reptiles a la excepcional capacidad de camuflaje. Es más, estos últimos a lo más que llegan es a cambiar de color con el transcurrir del día, a ponerse amarillos por el miedo o a enrojecerse de ira.
No obstante, un residuo relativamente eficaz de maquiavélicos, y un sin número de camaleónicos se empujan, escabullen, navajean y hasta se hacen gracia en el enladrillado solar malagueño. El buen camaleónico local, si uno se fija, mueve los ojos con velocidad endiablada, casi 360 grados de movimiento constante, hasta que fija su presa; pletórico,  saca su lengua para  la agudeza, el sarcasmo  o la crueldad vitriólica y prensil. Sus movimientos están adaptados para andarse por las ramas y ponerse bajo el sol que más calienta.
Los tenemos de todos los oficios y géneros, destacan en la política por su incombustible  manera de utilizar el vocablo lealtad,  aunque “de hombres leales estén llenos los hospitales”, en los negocios es fácil distinguirlos por el uso de la palabra confianza; en  general y en las juergas  destacamos por la exclamación “¡to er mundo es güeno!”; en los desáires por “arrieritos somos…”  y en los finales  por“¡qué se habría  creio ese!
Ahora, en crisis, se sienten más desasistidos en su habitat que el camaleón auténtico, todos tienen un asuntillo pendiente, aquellos billetes ocultos que se exhibían de nombre binladen, se dan por desaparecidos de la faz de la Tierra. El  humor local de los tratantes, llegó a decir, que encontraron  a un posible comprador por la  calle Larios y se lo llevaron a los loqueros.
La verdad  es que los futuros animalitos podrán disfrutar de los corredores ecológicos mientras dure el parón de la construcción. Pero me temo que volveremos a las andadas, y lo más que podrán encontrar es refugio en una farola, vista la voracidad constructiva local y las obsesiones municipales del P.P., inventaremos si los dejan las gaviotas el camaleón luciérnaga.


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