El hombre que mató el
oso y destrozó el madroño
Trece años de
presidente en Caja Madrid te dan para
regalar a los consejeros generales de la entidad varios abrigos de piel de oso
si eres un cazador generoso; talar los
madroñales y edificar en ellos el imperio efímero de la burbuja inmobiliaria,
mientras paseas en coche de medio millón y enhebras correos electrónicos con el
índice de disparar a todo lo que se mueve entre los matorrales del poder y los
bosques selváticos, dónde la caza se paga a precio de coronas.
Elpidio, que en los
santorales se le quiere reconocer como abad ermitaño, es el nombre de un juez
de esos pocos que cogen historia en España, de los que en Italia son comunes y
aquí son trofeos de los expedientes de las malísimas sombras del poder.
Con Aznar recuperamos
con mayúsculas la mejor tradición hispana del “amiguismo”, y desde Juanito
Villalonga a Miguelito Blesa, fue repartiendo los mejores abrigos de la “piel
de toro” para cristalizar su orgía neoliberal de Escorial y dehesa.
Blesa se vio entre la frialdad de los cuatro muros, a
punto de boda, porque Elpidio consideró caza mayor judicial, los juegos de
andar por casa de la parranda financiera. Ahora Blesa y los de Blesa lanzan la
jauría contra la toga, el togado acorralado como un jabalí lanza el colmillo
amenazante, en forma de los cinco mil
correos electrónicos de don Miguel que no tienen desperdicio a tenor de lo que
se difunde, y que el ex presidente de Caja Madrid no se tomó la previsión de
mandarlos a la papelera de reciclaje.
Los correos a la sazón
amén de concretar los entresijos de la maraña del poder madrileño, no enseñan
nada sobre las formas, porque sería fútil creerse que la correspondencia en la
canonjía del cajero de lujo, se nos iba a mostrar un manual de estilo de las
artes del buen gobierno público.
Preferentistas y otros
afectados de la caja madrileña, ya tienen material para poner el punto de mira
al primer responsable de sus desdichas. El resto de los españoles nos
embutiremos del temario, hasta que en la nube de las noticias desaparezcan los
interfectos.
Mientras el “abogado
del estadio”, del Nido, saca el lamento del Zoido (alcalde), por la sensible
pérdida del palco del estadio del Sevilla Sánchez Pijuán. El sevillanismo se ha
quedado huérfano, como los atléticos de Gil, pero la sociedad que no el
graderío, han ganado justicia, con lentitud, más de diez años de sumario e
instantáneas de paseos judiciales. La Justicia pasa el control antidoping.
Curro Flores
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