El maillot rojo del
capitalismo
La etapa de Crimea ha
elevado al pódium del capitalismo de
fronteras imperiales a Vladimir Putin, pero el tour de Ucrania más que cerrar un tramo del recorrido
peninsular que abrió la URSS con la incontestable naturalidad con la que
disponían los dueños de la dictadura del proletariado, ha puesto en cuestión
las reglas del día después de la Guerra Fría.
Ahora los estados
mayores del capitalismo de toda la vida de dios, buscan la forma de vaciar el
orinal del poder para tratar de imponer su visión de las cosas, pero todo no
puede ser tan fácil como cortar y pegar fronteras y anexiones tras la caída del
Muro.
Mi amigo Chuguyev me
manda un mensaje con la naturalidad de un moscovita afincado en Málaga -¿cuándo
los deseos de los ciudadanos de Krim los debe controlar la OTAN? Mi amigo
ucraniano se resiente en sollozos porque conoció en su estirpe el látigo de la
troika rusa.
El capitalismo de
casino de los fondos de inversión y alto riesgo
ha desfondado y expulsado al mayor pelotón de sufridos domésticos
trabajadores, estajanovistas y chupa ruedas, en la larga historia de su carrera,
cuándo casi a solas podía gozar del place del vencedor, solo ha sacado a
relucir la pompa ideológica de su codicia y sadismo, generando la peor crisis
de su historia.
Ahora como la cuadriga
de Mesala en Ben Hur, enseñan las concertinas de sus ruedas para subirse al
pódium a costa de la infamia de destrozar
el carro del adversario. Ucrania está siendo víctima de las ideas de
Karl Popper, aplicadas por su
edecán y discípulo particular,
George Soros, que endulza con libertad y democracia su acumulación de
dividendos.
Cito este personaje,
que junto a otros, escurren su osadía con su amplia cartera de fondos,
sustituyendo a los estados y en muchos casos maniatarlos con la deuda pública,
a la vez que incentivan las tensiones sociales. Obama, Merkel, los demás
dignatarios europeos y Putin, más pronto que tarde deben abandonar, las
escapadas y sprints ucranias, porque la realidad de Ucrania, más que servir para saborear los éxitos de los
maillots patrióticos, impone la cordura del conocimiento histórico, y conseguir
un acuerdo que no solo respete el Derecho Internacional, sino que lo mejore,
porque el mapa de Europa y sus expectativas ciudadanas no necesita otra
transfusión de sangre.
Y sigue Rajoy buscando
su cara de Europa entre las ondas sonoras del Big Bang, mientras ha conseguido
el maillot sonrojante de haber provocado la mayor desigualdad social entre los
españoles, en comparación con nuestros vecinos europeos.
Curro Flores
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