EL RINCONCILLO FRENTE AL MAR MEDITERRANEO


El Rinconcillo frente al mar Mediterráneo
Javier, con su cabeza de busto de emperador romano, estaba en la puerta, aparcamos, y nos invitó a entrar a su magnífico restaurante El Rinconcillo, en un día destemplado, mojaba el cielo de fantasmas de medio luto veloces, y el mar saltaba, y nos regaba con su hisopo, desorientado por los cantos peligrosos de las sirenas.
En su mostrador y vitrinas, llamaban la atención las insignias de un afán coleccionista del comics y sus personajes: todos aquellos que llenaron algunas de las horas de nuestros sueños infantiles, en nuestro devaneo por los otros mundos, se mostraban como dueños vigilantes de los  espejos de nuestro pasado en cualquier rincón.
Hacía tiempo que queríamos probar su cocina,  tomada por saborcillos de la malagueña Axarquía: de monte morisco, huerta amplia y mar generoso. Era escuchar hablar a Javier, y un compendio de memorias, tradiciones culinarias, de materna raíz, usos ancestrales de pescadores y jornaleros, remontando con los toques  de la nueva cocina, y los alardes del mejor producto.
Nos llevó a su comedor de los misterios, porque allí no tendríamos que leer cartas de platos y vinos,  estábamos a merced del anfitrión; allí se apiñaban las figuras de los Garfios, Goliat, Corto Maltés, Popeye y hasta el Capitán Horatio. . La mesa estaba preparada, presidía una botella de Cotos de Hayas, Garnacha Centenaria, 1991, de las Bodegas Aragonesas, D.O. Campos de Borja.
Primero los entrantes: dibujados de sardinas y tomates, cabezas de pulpitos jugosas, almejas malagueñas, y atún en manteca. Descorchó la garnacha centenaria, y las copas parecían venir de un pozo de esencia de guindas cristalino. Brindis, sorbo delicado, y el aroma frutal y de esencias, se nos hizo tan intenso como el primer trago de plenitud y suaves matices.
Entre bocados de complejos y delicados sabores, se hacía dueño el riego de la garnacha; y llegó la hora del chivo lechal malagueño al horno, cada trozo de carne, llevaba olor a monte mediterráneo de carne macerada con mimo, y asada con troncón de olivo y cepa. No pregunté a la botella de garnacha, si quería casarse con el chivo, pero intimaron hasta la resurrección de los grandes amores.
Vino el aguacate, de Méjico a Málaga, para tomar la Comarca de Vélez, silentes los aguacateros se hicieron dueño de los campos, con aires de conquistadores, como los loritos verdes que ponen voz a los árboles de nuestros parques. Una exquisita ensalada de aguacates, con langostinos de ida y vuelta, pretendieron quitarle la hegemonía al chivo de su amor con la garnacha ¡qué delicia!
Nos esperaba la tarta de queso con base a torta de Algarrobo, a un kilómetro hacia el Este. El excepcional Coto de Hayas, nos había puesto a su disposición,  y en la mesa de al lado veíamos El Capitán Trueno y Sigrid, que hablaban de su vuelta a Thule. El capitán Haddock, desafiaba el garfio del capitán James Cook con su pipa a gritos de rufián. Tintín se despedía del Corto Maltés, mientras Milú corría por el pasillo tras el gato con su raspa de sardina en la boca, mientras los hijitos de Javier se reían. Winnie de Pooh, se había apoderado de un bote de miel de Comares, y no daba ruido. Todo pasó en El Rinconcillo, frente al chiringuito El Trueno, que nos reservamos para un día de sol.

Curro Flores




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