ENTRE LOS LEONES DEGRELLE E IBÉRICO


Entre los leones Degrelle e Ibérico
Se había escondido de la basura un folio con dos fotos ajadas de periódico  de abril del 1994, referidas a los actos fúnebres por el fallecimiento de León Degrelle, en una están brazo en alto varios de sus seguidores ultraderechistas, en otra su viuda con una acompañante y en el pie de foto, comentarios cuasi complacientes sobre la trayectoria del fallecido, más, es lo llamativo, una referencia a la disputa que tuvo con el Ayuntamiento de Málaga sobre la figura de un león de piedra.
En abril de 1988 la policía municipal de Málaga tuvo conocimiento que en los astilleros Nereo de Pedragalejo, se hallaban varias piezas arqueológicas del periodo Ibérico propiedad de Degrelle,  según los informantes, se había hecho un trato de venta para sacarlas de España. La policía obró en rigor y puso guardia en los alrededores de los astilleros, pero ante un trasiego de vehículos y personas superiores al habitual, decidieron intervenir, lo que evitó que los pillaran con las manos  en la masa. El jerarca rexista quedó exonerado de los cargos que le imputaban, pudiendo demostrar que tenía documentadas las piezas arcaicas  a su nombre.
Supe a los años por un chiflado conocido, ardoroso de las camisas pardas,  que sus seguidores le montaron un acto de desagravio, y  según el botarate, me pusieron de chupa de domine, y yo tan ajeno, y que la única verdad que dijo en su vida Degrelle, me la dirigió a mí, llamándome “el inculto concejal de cultura”, quizás por no haber leído sus libros, opúsculos u oído sus ladridos cargados de mentiras justificando la barbarie hitleriana.
Si ambos hubiéramos sabido que yo me sabía de memoria todas las aventura de Tintín, y que la creación del mítico personaje de Hergé fue inspirada en sus primeras andaduras por el joven jerarca rexista belga León Degrelle, no sé si hubiera cambiado los improperios. Él solía decir a baba caída que era Tintín, pero más le gustaba repetir que  Hitler, sin hijos, dijo que Leoncito es el descendiente que le hubiera gustado tener ¡vaya familia!
Es curiosa la España de la Transición, en la misma acera del paseo marítimo Ciudad de Melilla, don Jorge Guillén, de vuelta del exilio, un poco más allá, ocultado de la justicia belga por alta traición  en la España de Franco, Degrelle. Uno el poeta de la esperanza, otro el vocablo fiero de la ira y la desesperación.
Entre leer Cántico del poeta vallisoletano, o Almas ardiendo del propagandista nacionalsocialista, el alma trasciende con los versos de don Jorge.
Curro Flores



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