In
illo tempore
En
aquel tiempo un miembro del Comité Federal del PSOE,
y más en circunstancias excepcionales, recibía un mandato por los militantes de
su circunscripción, intervenía en función de lo acordado, y al volver daba
cuenta de su actuación para ser aprobado o reprobado por sus electores del
partido.
En estos tiempos se lee
la prensa, el comunicado oficial del partido, si estás cerca de la pomada tu
móvil te descubrirá parte de los intríngulis, y para más inri la radio te
emitirá la filtración de algún correligionario, de esos que graban con el móvil,
capaces de traicionar a Judas y hasta gratis.
De la filtración, por
lo que se sabía, y por lo que de sus
voces se colige, algunos dirigentes regionales, pretenden reducir con su
potestad en el escaño federal el campo de maniobra de Sánchez, menoscabándole
su autoridad. No recuerdo haberme reunido con los míos para mandatar tan
singulares intervenciones como en
aquellos tiempos, por lo tanto, me encanta el moquete de Pedro de devolver
a los militantes la decisión de apoyarle, o no, en sus acuerdos para un futuro
gobierno.
Pedro Sánchez ha dado
un paso al frente ante su Majestad, la
responsabilidad no es osadía, en cambio la incompetencia para asumir de
primeras el encargo del Rey denota el miedo de Rajoy.
Mientras las murgas y
las comparsas andaluzas van desgranando con chirigotas, las privaciones que
vivimos, seguro ha quedado para los tiempos de cuaresma que tengamos gobierno,
y lo que es peor que nos citen los errores a votar de nuevo.
Ahora que nos hablamos más
los vecinos e incluso los socialistas entre nosotros, como en los tiempos de la
duda, solo exigimos altura de miras. Es tan fácil en las conversaciones,
ponernos de acuerdo en los mínimos comunes denominadores, de obligado
cumplimiento, que un buen gobierno debe hacer en España después del periodo de
rasurado del PP, que ni el peor de los novatos o el otoñal debiera de estar
dispuesto a cumplir.
No es el tiempo para la
cobardía, no es el tiempo tampoco para el gesto televisivo, no es el tiempo de
las maniobras partidarias, ni las internas, ni las externas. Es el tiempo, de
poner los programas encima de la mesa, de casarlos y amistarlos. Es el tiempo
de poner a los mejores, de recuperar la ética pública, y de devolverle a la
política los atributos morales y de excelencia social y gestora que nos
merecemos.
In
illo tempore los ciudadanos nos quisieron porque
dimos lo mejor de nosotros mismos, y nadie se dejaba nada en el tintero en
nuestras entusiasmadas discusiones.
Curro Flores
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