La Farola contra
Godzilla
Este sol rabioso de un
noviembre sin arco iris, cargaba un poco más la rabia de trescientos y más
malagueños, convocados por treinta y cinco colectivos ciudadanos, contra el
rascacielos que todas las ilustrísimas nos quieren plantar en la punta del
morro de la Ciudad del Paraíso, como si el solar no estuviera para siempre
vapuleado.
Unas veteranísimas
militantes socialistas, no salían de su estupor, por la actitud de la Autoridad
Portuaria y la Junta de Andalucía, que no solo han animado, sino acelerado los
trámites para que el proyecto salga adelante; y puedo dar crédito que en sus
cuarenta años de militancia, han tenido
que soportar montañas de sinsabores, pero lo del hotelito de marras les
tienen ajenas a la manada, y desganadas en el retorno al redil.
He puesto el número
dado por la prensa de los asistentes, porque la suma es mayor que los 104 manifestantes que le han servido al Alcalde
para negarse a apoyar las obras del Metro al Hospital Civil, y muchísimos más firmantes, y por supuesto, que los que
podrían convocar el conjunto de las autoridades que han permitido el proyecto.
Ni existen razones
logísticas que inviten a poner el mamotreto; las razones arquitectónicas las
rechaza el Colegio de Arquitectos; la Academia de San Telmo y el mundo
universitario se oponen, seguro que poquísimos vecinos depositaron su voto en
las elecciones autorizando tan desmedida atrocidad.
Escuchaba y hasta leía
los argumentos de los comprometidos con la torre de 135 metros, que quiere ser
el reloj de sol de los espasmos del sur de Europa. Ni la modernidad, ni el
diseño de los horizontes de una nueva Málaga, ni el buen gusto, ni el
cosmopolitismo, ni nuestra señalada hospitalidad, ni la mano de obra que
crearía y economía, pueden dar cobijo al disparate.
Quizás, una forma de
hacer caja del coste de los espigones, o querer sanear las arcas del Puerto,
que desde que perdió el enchufe del petróleo, vaga en la desarmonía
presupuestaria, esa vieja tendencia de estos organismos que pasan del
sempiterno útil de lo que nos viene por la mar, a sus dificultades con la
ocupación de la bahía del Guadalmedina.
Como los ciegos
soñadores siempre recobran la visión, todavía puedo creer, como la añorada doña
Concha Maspons, que con su persistencia ante el primer ayuntamiento democrático
del 1979, consiguió que se salvaran algunos edificios en el Paseo de la Farola,
todavía puedo creer que no escribo como un náufrago, sino hacia mis
representantes, y muchos de ellos, excelentes amigos.
Siempre nos quedará
irnos a tomar viento a la Farola, o mandaros al tejado del rescacielo Godzilla
cuando arrecie la ventolera.
Curro Flores
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