El Príncipe de Asturias
aspirante al Muñoz Molina
Conocí a Antonio, el 21
de diciembre de 1983, no presumo de memoria por el hecho que Muñoz Molina me
conociera; sino por la victoria por 12 a 1 de la Selección Española de fútbol,
sobre la de Malta, evento inolvidable del calendario patriótico.
La sala no se prestaba
a confiar en ella, munícipes de la cultura y adláteres, barbudos y menudas
aliñados acorde con aquella Movida
madrileña, y con “ejé” de provincianos, constituían el público. En la mesa un Javier Solana
docto, ministro de Cultura y pre OTAN, daba rienda suelta a un conferenciante y
filósofo, me temo que poco más puedo contar, guardé las conclusiones y
ponencias de la jornada hasta cualquier mudanza de papel marchito.
Mientras el filósofo
cogía la recta y antes del primer frenazo, mi vecino de butaca y yo, nos fuimos
a boxes, porque los frenos nos soltaban líquido. Excusa piadosa en el gesto,
nos salimos de la carrera por eso de que nuestro cerebros no daban para tanta
prosopopeya. Los dos parecíamos expertos en ponernos en la primera fila del
auditorio para atender, pero tan cerca
de la puerta que lo que nos gustaba era el requiebro y salir por patas en la
primera embestida.
Un flechazo de los del
“Dios los cría y ellos se juntan”, no unió en aquella jornada del Madrid de
invierno e incubadora. No tuvimos que echar cara o cruz, para elegir dónde
errábamos. Sala Olimpia (hoy Valle
Inclán), teníamos la invitación al Circo Imaginario de Victoria Chaplin y
Jean-Baptiste Thierree ¡la repera! Circo en el teatro, gran reserva para los
iconoclastas de la musa de las tablas, ensimismados por el silencio de la letra
impresa.
A la salida, en la
Plaza de Lavapiés, en esos momentos que a los niños se les recomienda tener la boquita
cerrada, abracadabramos nuestras lenguas y dimos paso a la imaginación, una
orgía de risa inolvidables entre el
Robinson de Granada, y mi ilustrísima
que había encontrado la horma de su zapato. Pocos vecinos se nos cruzaban,
cosas del fútbol hogareño, pero iban con esa autoestima en el gesto que da haber vapuleado a Malta por 12 a 1.
La vida me ha regalado
uno buenos ratos de amistad con Antonio Muñoz Molina, y un solo mal rato. Tras
un acto de presentación de uno de sus libros en el Ayuntamiento de Málaga, a
Justo Navarro y a Antonio les hice el compromiso que me acompañaran al viaje
inaugural del tren Al Andalus, con el infeliz desliz, de que en Bobadilla, el
borrico dijo que no daba más carrera y nos quedamos arriados. Nos dimos una
vueltecita en coche para Málaga, de esas que se quedan para no volver a las
andadas “al andalucianas”.
Hoy, vivo con felicidad
sus éxitos y comparto sus compromisos. Pero no es la amistad lo que me llevó a
escribir un tuiter.-El Príncipe Asturias aspirante al premio Muñoz Molina.
Curro Flores
(con mi amistad)
No hay comentarios:
Publicar un comentario