El concejal por los tejados
Debiera haber jugado el equipo de Mijas de
Baloncesto de la liga EBA, y su pabellón de La Laguna habitual por los efectos
de una discreta lluvia estaba encharcado, los árbitros decidieron que la pista de patinaje no estaba practicable, y
la intendencia decidió trasladar la
disputa a su coqueto pabellón, alejado y
aislado de la población de la Cala de Mijas. Unas cubetas de colores se
distribuían sobre la cancha, a modo de moderna instalación artística dedicada
al cambio climático, la leve afición llegaba agobiada a las gradas, y para su
contrariedad los del chándal y el resto
de la troupe departían mientras
esperaban desocupar la otra pista de patinaje, y suspender por ahora el
encuentro, espero hasta que reine el sol
de la Costa.
Evidentemente nadie dio las oportunas
explicaciones, porque la negligencia todo lo explica, y al parecer las goteras
se convierte en hábito en las instalaciones deportivas de la singular localidad
de la Costa del Sol.
Inmediatamente, quizás por un romanticismo
inapropiado, me acordé del concejal de la primera corporación democrática de
Granada, mi noble amigo José Miguel Castillo. El insigne edil, recién llegado,
se descabalgaba de su vehículo cuando se encontraba en un atasco, para pedirle
disculpa en nombre del Ayuntamiento a los conductores que aguardaban en cola.
También me vino a la cabeza mi querido Valentín Medel, concejal socialista con
Tierno Galván, quién se tomó seis meses para arreglar el caótico tráfico de
Madrid, al no conseguirlo en ese plazo, presentó la dimisión, por su palabra empeñada.
En mis memorias guardo un arsenal de
imágenes que conocí y viví, de aquella época en la que pueblo y políticos
estuvieron tan fundidos, que todo se nutría de servicios públicos sin
artificios de manuales y másteres, y mucho sacrificio personal.
También el correr de los años me ha
modificado con tristeza aquellas apreciaciones, que hoy se verían como un tanto
de aventura y un mucho de locura. Así que mis pretensiones sobre que se
apremien a arreglar las cubiertas de los pabellones, pueden quedar más sola que
una pelota empeñada en el tejado.
No están los tiempos para que el concejal
de deporte de Mijas pida disculpa por las goteras, porque seguro tiene en la
agenda goterones de tinta para todos los gustos. Pero no hubiera sido una
imagen extraña del pasado municipal glorioso de la generación del 79, que el
concejal se hubiera empeñado desde el tejado con un paraguas, para salvar la
disputa deportiva tapando los boquetes y empapado. Diligencia, disculpa y pedir
perdón no están entre las virtudes políticas de los tiempos que corren.
Curro Flores
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