EL FÚTBOL EN EL PLATÓ


El fútbol en el plató
El fútbol está hasta en la sopa,  pero ha perdido el caldo con la llegada del coronavirus, esta terrorífica monarquía contrarreloj. Como el fútbol es un deporte sin lógica, no sé que estará pensando Desmond Morris en estos momentos, cuando se está jugando con los campos vacíos. Su magnífico trabajo antropológico El Deporte Rey, le permitió al científico Morris, ajeno a este deporte, escrutar el contagio que producen los balonazos entre los monos desnudos, entre sus páginas nos descubre que el fútbol evoca a los avatares de las comunidades cazadoras, causa de su aceptación como deporte preferente, pero que es el impacto tribal dónde podemos reconocer el hooliganismo  con  exponente infinito.
Si dejamos a la afición sin su hueco en el estadio, hemos quitado la base de su edificio opulento, el fútbol mueve 500 mil millones al año, la tribu dispersa sin su grada, en peñas, en bares o vestido en su casa de fantasioso fan frente a la tele, huyendo de la pandemia...
Di Estéfano primer ídolo que me sonó en la infancia, le oí decir que cuando leía las crónicas al día siguiente del partido, le parecía que había jugado otro. Esta afirmación y el negocio espectacular, me hace dudar y huir de cualquier aseveración no vista y probada de la polución de los informativos deportivos.
El ruido del fútbol contamina, porque suena a negocio más que a ocio, aunque a mi me gusta leer esos artículos que le buscan la enjundia a la patájundia, dónde doctos como Valdano, tratan de poner Borges a lomos de gacetilleros, quizás porque me recuerdan a aquellas redacciones de la infancia sobre la Inmaculada Concepción, dónde tratábamos de poner seso con nuestra falta de educación en sexo, y dónde seguro me surgía la pregunta más racional, porqué paloma, si los niños los traían las cigüeñas.
El sol que más calienta parece que está en parte de la solución para destruir al COVID-19, pero mientras Fernando Simón no nos traiga la buena nueva, quedarán prohibido los marcajes y los dribling a más de metro y medio, y prohibido darle la mano a los árbitros, y a los capitanes cabezazos.
Las procesiones de Semana Santa siempre ha huido del agua, pero este año hemos descubierto que Poncio Pilato lavándose las manos es el único que cumplía con la receta antiviral.
Curro Flores



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