Los fuegos artificiales 1987:
Quinto centenario de la Feria de Málaga
Actuaban las estrellas del humor
de la época, Martes y Trece, en una Caseta Municipal llena hasta las tapias,
era el último sábado de Feria de 1986, y cuando diez mil, y más, campanillas se
sobresaltaban de risa a las doce de la noche, en la lejanía del aparcamiento,
tronaron unos discretos y fantasmagóricos fuegos artificiales, que
interrumpieron el guión de los artistas, pero éstos reaccionaron inmediatamente
y la emprendieron con sorna y gracia contra mi, es decir, el concejal de
cultura, por el despropósito de la cohetá interrupta.
El infortunio humorístico sirvió
para que Pedro Aparicio, nos reiterara al equipo A de la Feria su protesta por
lo “discretitos” e impropios que eran los fuegos artificiales, así que tomamos
debida nota, y desde esa noche con el impagable Rafael Centeno, y nuestro
siempre evocado Fernando Espinosa, empezamos a rumiar y trabajar para lo que
serían la más extraordinaria vista de fuegos artificiales que nunca se hubiera
visto la ciudad de Málaga.
Aprovechamos que la próxima Feria
sería la de su Quinto Centenario, conmemorativa de la incorporación de Málaga a
la Corona de Castilla, y con algunas ayudas y sugerencias de una comisión
ciudadana, pergeñamos el guión de lo que sería la noche inicial de la Feria,
que tomaría la adecuada presencia municipal, y que los amigos de la Pringá con
su romería urbana venían protagonizando como primer acto ferial.
El escenario sería el Parque, se
invitaría a los ciudadanos frente al Ayuntamiento, saludo del alcalde y pregón,
dos vistas de fuego con música al unísono
desde la Plaza de la Marina y la del General Torrijos, y otra desde la
terraza del Ayuntamiento, velada musical en un escenario central, y actuaciones
folclóricas locales en el auditorio Eduardo Ocón.
Sentado en el muelle de la bahía,
junto a la primera ubicación del busto de don Jorge Guillén, imaginé toda la
escenografía, Fernando nos encontraría en Barcelona una extraordinaria fábrica
de fuegos artificiales, Centeno y él organizarían toda la novedosa logística,
con la colaboración del Jefe de la Policía Local, que al ser de Alicante estaba
más familiarizado en sortear los peligros de los ingentes kilos de pólvora que
se iban a disparar junto al público.
Dos problemas, Aparicio le temía
más a la altura del balcón desde dónde saludaría a los malagueños, que un
elefante a una pimienta de guindilla; el otro problema es como se iba a llenar
de público el Parque. Para el vértigo poca solución teníamos, para el segundo
amén de la publicidad en los medios, nos ayudó sobremanera los anuncios de las
previsiones de tráfico que debieran tomar los ciudadanos que quisieran llegar
al Parque, y dónde va Vicente, ya se sabe, la policía municipal no dio a vastos
para controlar las avalanchas.
Ante las multitudes, pregón de
Alejo García muy celebrado, saludo del Alcalde sin vértigo, violín verdialero
de Juan Manuel del Pozo, excepcional vista de fuegos artificiales, gran fiesta,
y después nuestra madrugada supervisando la recogida, para que estuviera el
Parque flamante para la Romería.
Recibimos aclamadoras
felicitaciones, pero para mi extrañeza tres señalados invitados al Ayutamiento,
con mando en plaza, al finalizar los fuegos, me dijeron: -¡Niño, ya está bien
con los cohetitos!
Para alegría de todos los que
iniciamos esta historia, llevamos 32 años de cohetitos, el maestro Caballé,
cada año nos sorprende con sus creaciones, dando un empaque excepcional al
inicio de la Gran Fiesta del Sur de Europa, que magistralmente supo plasmar en
su documental Carlos Taillefer, que hizo que en la Ciudad del Paraíso fuera
superventa.
Curro Flores
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