Sacándole el ojo al
huracán
La secuencia de La
Tormenta Perfecta en la que George Clooney trata de desafiar el destino final
de su nave y marineros subiendo la
inmensa ola para coronar la cresta de la misma y componérselas hasta el próximo
obstáculo y que terminó sumando nombres
a la lápida portuaria de los marinos muertos pudiera servir de aguda metáfora.
Desde que la
macroeconomía nos dijo que estábamos en crisis la microeconomía nos laceró con
todo su ímpetu. Vivíamos antes aquellos tiempos en que el espantajo de la curva
del decrecimiento era una vieja realidad y que los capitanes de la economía
flotaban en el éter de la abundancia siempre hacia la cumbre. Hoy ya todo era
una falacia, y mi mal agüero, ojalá hubiera sido ignorancia y no experiencia o
la horas de mi ligera flotación en los tratados de economía política.
Parece que tirar lastre
es la única solución para continuar a ciegas remontando el oleaje al capricho
del ojo del huracán, el problema es que el lastre tiene nombre y apellidos, se
quiere levantar a su hora, tener sus turnos, seguir navegando, comer de los
panes y los peces, y no es que se niegue solo al injusto reparto por su
esfuerzo, sino que no se quiere ver como polizón responsable de la codicia de
los armadores y capitanes.
Los que se empeñan en
dirigirnos unos eligen matar a
Moby-Dick, otros tratan de sacarle el ojo a su manera al huracán, pero vista la
actitud hacia los tripulantes y el desgobierno, todos nos jugamos el
desconcierto vital de una rebelión a bordo, antes de que se nos desborde
nuestra existencia. Huir de las fauces del Cíclope solo requiere astucia, una
estaca y coger las de Villadiego.
El día se vuelve duro y
el sueño ajeno cuando se nos aspavienta con la desconfianza a nosotros mismos,
los ecos de las sirenas amén de las banalidades, nos traen las noticias de las
miserias de los incontables aprovechados públicos y privados que tomaron por botín lo ajeno enjaezados por
las buenas noticias de las cuentas de resultados del momento, y que por resulta su inmundicia actual.
De los míos y de los
ajenos, como un ciudadano que se precie, solo aspiro a la que la Justicia no
encalle y que cada cual tenga su merecido, ni tan siquiera pido explicaciones a
tan sutiles ecónomos. Todos los que creemos cada cual en lo suyo debemos restablecer
nuestros estímulos incluidos las dudas, pero la duda no puede estar centrada en
la desconfianza ante algunos de nuestros
elegidos.
El marinero vikingo más
habituado y experimentado en las aguas
revueltas de la democracia nórdica, ha sabido dotarse de normas éticas más
ejemplares, de justicia más rápida y ha elegido formas más estrictas de
convivencia en el manejo de los bienes públicos. Si elegimos ese rumbo en
nuestro cuaderno de bitácora tendremos menos noticias escandalosas, y
podremos ajustar nuestra armonía colectiva a la hora de dejar tuerto al huracán.
Curro Flores
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