SERIE DE ASESINOS
Cada 25 de Noviembre
desde 1981, evocamos con diferentes tipos de manifestaciones el Día Mundial
contra la Violencia a las Mujeres, recapitulación que recibe cada año mayor
acogida pública es decir, toma más cuerpo en la sociedad. Frente a aquellos
exiguos y militantes actos primeros, protagonizados por las mujeres
concienciadas, ante esa lacra terrorífica que pervive en nuestras sociedades.
El asesinato de Ana
Orantes, calcinada por su esposo el 17 de diciembre de 1997, fue el punto de inflexión
por el que en la sociedad española saltaron las alarmas, contra la ceguera
pública y privada que coexistía pasivamente con la violencia machista. He
citado a la víctima, porque nadie hubiera recordado el nombre de la bestia
criminal -José Parejo Avivar- que puso fin a sus días ¿imaginan?
Desde hace unos días le
pongo cara a Santiago Mainar, no hay un informativo que no lo saque como presunto
homicida del Alcalde de Fago. Por execrable y truculento que pudiera ser este
crimen, se empequeñece ante la nómina criminal de cincuenta asesinos de mujeres
que ya llevamos en lo que va de año; no conozco las caras de estos asesinos, y
menos los presuntos, ni conozco sus nombres, puedo recordar sus crímenes cuando
lo tiñen de morbosidad, eso sí, conozco las caras de sus víctimas y en algunos
casos, detalles de sus vidas que tratan de sugerir y a veces, justificar lo
injustificable.
Vivimos en una sociedad
que vuelca parte de su entretenimiento en películas y novelas sobre asesinos en
serie, sus macabros asesinatos, sus perversidades, perfiles psicológicos,
búsquedas, etc.; si en nuestra realidad aparece la fiera, volcamos nuestra
lógica alarma, expresamos nuestros miedos, exigimos hasta los mayores
refinamientos a nuestros policías como
en las “pelis”. Imaginen en los medios de comunicación ¿cuándo merecerán la
misma cuota de curiosidad y
atención la serie de los asesinos
domésticos?
Dicen las estadísticas
que las mujeres europeas están más seguras en las calles, y menos seguras en
sus hogares, una de cada diez. Los asesinos en serie responden a modelos de cazadores,
tramperos, merodeadores, pescadores. La serie de asesinos de la cotidianeidad
son asesinos del nido, que perpetran los delitos en su siniestra intimidad.
El gran hermano de la
sociedad de consumo y del negocio, nos obliga a circular bajo la visión de
cámaras de vigilancia para prevenir posibles delitos que afecten al sosiego
general, así que darse un garbeo o ir de compras, no es elegir el camino de la
presunción de inocencia. Me repugna, pero tendría su lógica, que a determinadas
series de fieras, que nos asombrarían
por su número, tuviéramos la prevención de ponerles la camarita las
veinticuatro horas, para evitar el desastre.
En aquellas clases
obligatorias de religión, nos adoctrinaban y hacían aprender la cita del
Génesis en la que decía Dios a la mujer: “Mucho te haré sufrir con tu preñez,
parirás con dolor, tendrás ansia de tu marido, y el te dominará”: biología y
orden social, al servicio del patriarcado. Condena sexista al calvario íntimo.
Hoy, con gramática de
acción, está bien que las mujeres digan: “DE TODOS LOS HOMBRES QUE HAYA EN MI
VIDA, NINGUNO SERA MAS QUE YO”. La dinámica de la igualdad de derechos de las
mujeres y el desmorone del orden del
patriarca, provocan hasta reacciones gramaticales. Son las menores, las peores siguen
siendo las revanchas criminales.
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