Signos franquistas
pendientes
El 15 de Octubre, el
Grupo municipal Socialista del Ayuntamiento de Málaga, presentó una moción por
la que propone entre otras cosas la retirada efectiva de cualquier símbolo
evocador y encomiástico del golpe de
estado de 1936, en los espacios públicos urbanos, nombres de calles de los
golpistas, y la retirada de las distinciones de la ciudad a Francisco Franco,
colaboradores y entidades asociados a la Dictadura.
Tomaba un cafelito
cuando leía esta noticia con unos contertulios, cuando el más joven nos espetó
que no podía concebir que con más de treinta años de democracia, como todavía
puedan subsistir calles, títulos y muestras públicas notorias del pasado
franquista malacitano.
Quizás fuera el primer
o segundo Pleno municipal de la primera Corporación de la democracia, primavera
de 1979, cuando decidimos por unanimidad la sustitución de avenida Francisco
Franco por la Alameda Principal, así como la plaza de José Antonio, y Queipo de
Llano, por las de la Constitución y de la Marina.
Estamos hablando de
unos años dónde el entusiasmo democrático, las ansias de libertad y todo lo que
esto conlleva, eran soportados con un
andar con tiento y plomado, por culpa del ruido de sables de los cuarteles, que
no nos abandonó, hasta bien pasado el intento de golpe del 23F.
Pocos recuerdan que
hasta el triunfo electoral del PSOE en 1982, por la visita del primer ministro
de cultura Javier Solana, para iniciar las obras de rescate de el Teatro
Romano, no se cesó al director de gran parte de los años de la dictadura del
periódico Sur dependiente de la cartera
de su ministerio, tras la desaparición de la Cadena del Movimiento a la que
pertenecía el diario. Todo un símbolo.
Los jóvenes que
perseguíamos parcelas de libertad,
empezamos a gobernar, cohabitando con los nostálgicos del Régimen, del que
hacía poco habíamos pasado página.
Pero se impuso una cultura y cordura de diálogo
para hacer la Transición, entre rupturistas y reformistas, que apartó a los
involucionistas y los más radicalmente revolucionarios, que no se quisieron
sumarse al cambio que cristalizó en la Constitución, en esa fórmula que Felipe
González quiso ver como “una síntesis
armónica entre reforma y ruptura”.
Es difícil entender
para los que no vivieron aquella época, que todavía nos topemos con signos que
repugnan, en una ciudad en la que reza entre los lemas de su escudo:- “La
primera en el peligro de la libertad”. Todavía me quedan sinrazones para
comprenderlo.
Así que espero
diligencia democrática, para que solo nos quede
a los malagueños la calle General Brenan, como algunos del paisanaje
denominan la calle que le evoca al
hispanista Gerald Brenan en el Polígono del Guadalhorce.
Curro Flores
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