Sin ventrílocuo
En las filas del
Partido Popular hay espinosos personajes que siempre encuentran un micrófono a
la altura de sus despropósitos, y si callan algunas cosas, es porque el púdico
oído del parroquiano no merece lo que sugiere su retorcida y pobre imaginación.
Uno de los expertos en venablos sonoros es el
alcalde de Valladolid, un claro ejemplar del acervo cultural del modelo del gobernante pre constitucional; de difícil anclaje
en la realidad actual y que pertenece al tremendo mundo de las sombras que nos
lastran y distraen en nuestros avances democráticos. Demasiado ancha es
Castilla para su estrechez de miras, le podríamos decir a León de la Riva.
Varias veces me he
preguntado si el regidor pucelano celebraba con la misma osadía, aunque fuera
en la intimidad, el nombramiento que hizo su amigo Aznar, de la que fuera ministra de
Sanidad, Celia Villalobos, ejemplo de “nivelazo”. Estoy seguro que ni en la
intimidad dijo ni pio, sabe que entre su paisanaje el chiste sin consentimiento
se condena por desórdenes públicos.
Como el señor es un PRE
con todas las mayúsculas, no se me ocurre calificarlo por la más moderna opción de machista, con la que algunos le vienen enjuiciando
por sus declaraciones incalificables sobre Leire Pajín. De León de la Riva se
espera patriotismo y creencia, y esa castiza muletilla -”de lanzar piedras a
los rojos, a ser posible a los ojos”-.
Rajoy, en la intimidad, amén de amparar partidas de presuntos, anima al
hooligan vallisoletano por sms, más PRES para deprimir en sepia el horizonte.
Dicen que en la
Valladolid actual se reparten el cotarro curas, monjas, derechistas y opus
deístas gracia al predominio del actual Consistorio dominado por los populares.
Me viene por eso a la memoria las páginas de una biografía de Cervantes, cuándo
de niño llegó a Valladolid, y la descripción de aquella Corte dónde
“–gentilhombres, negociantes, estudiantes, servidores, monjes, mendigos y
esclavos-se apretujaban dentro de sus muros”; y que fue merecedora de la burla
de un viajero holandés que la describe como lugar de “putas, pleitos, polvos,
piedras, puercos, perros, piojos y pulgas”.
A pesar de su alcalde,
y su prócer Torquemada, por la gracia de Jorge Guillén, jinete titánico de la
esperanza, conocí la mejor Valladolid, la de Delibes, Rosa Chacel, Francisco
Pino, Gustavo Martín Garzo.
La noche de las ánimas
la rememoro con Don Juan Tenorio, del otro gran vallisoletano, José Zorrilla.
Me pilló halloween con el paso tan cambiado, como al alcalde de Valladolid, el
más simple sentido de la igualdad de sexos. Mientras, tengo confianza de que el
votante vallisoletano, actúe como el del poema Paco Pino: “Es un rostro que
ciego ve una flor…”; si no seguiremos con el poema de Gongora: “Valladolid, de
lágrimas sois valle…”.
Vocalistas como León de
la Riva, necesitarían de ventrílocuos políticamente correctos que corrigieran
sus necedades, pero me temo que las cartillas de consignas moderadas de los populares,
no ponen reparos a la delincuencia de Dragó (llámese literaria), ni a las
groserías taberneras del edil pucelano.
Curro Flores
31 de octubre de 2010
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