SOROS, EL BUENO


Soros, el bueno
En las vitrinas del Restaurante Ispania, junto a la Casa Natal de Picasso, había una botella de tinto, con el nombre de Soros, inmediatamente me socorrió la curiosidad, porque el nombre de Soros me era extremadamente familiar, y aunque podía esperar que apareciera en el sitio más inesperado, me era más de imaginar que apareciera en una serie de lámparas de Aladino naranjas, que en una botella de tinto de crianza de la Rioja.
Había quedado a tomar algo, con dos amigos, uno de ellos muy experto catador y conocedor de vinos, que andaba en su tarea política como Penélope, pero recogiendo firmas, otro el propio dueño del restaurante, que quería mostrarnos sus excelencias culinarias con su chef bielorruso a la cabeza de la cocina. Era imposible no probar algunas cosillas de su tierra, ya que el propietario  Chuguyev, como su propio nombre indica tenía más de cosaco que de restaurador andaluz.
Me puse pesado con Soros, y como era de esperar, Yuri obsequioso abrió una botella con gusto, aunque me dijo que su jefe de compra era quién había adquirido el vino, porque a él, ruso, nacionalista, y más que quizá de Putin; así que lagarto lagarto con el nombre de Soros; que le viene asociado a las fundaciones naranjas que se habían estableció en Rusia durante el periodo de la perestroika, y que el presidente ruso se había visto en la necesidad de expulsarlas del país, porque según sus santos redaños, estaban desestabilizando la madre patria, es decir, su presidencia del jerarca Putin.
Le dije al anfitrión, si nos podían preparar unos filetes Mignon, y pollo al limón, para evocar la cena maldita, que celebraron en el hotel Park Avenue, el 8 de febrero de 2010, varios de los gestores de fondos de alto riesgo, entre ellos Soros, para compartir ideas de cómo debilitar al euro, lanzando profundos ataques a los países más vulnerables de la UE, los que denominaron PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España-Spain), aunque cerdos de mejor calaña que los pájaros de cuenta reunidos. -Y desde entonces grandes colas de bancos de alimentos.
Cuando les fui contando las historias conocidas de Soros, el de la open society, Pedro se le fue calentando la boca de improperios, y de buen gusto hubiera convertido las sillas de color chocolate de los comensales neoyorquinos, en sillas de torturas y algo más.
Pero una vez servidos espléndidamente los platos, las aguas volvieron a su cauce, que era aprobar el trabajo culinario, magníficamente presentado que teníamos, se abrió Soros, el bueno, con honores de cata. Un cien por cien tempranillo, de la bodega Martínez Cotar, nos instruía Altamirano, mejor crianza de la Rioja de 2015, de los “viñedos con sabiduría y sabiduría en el viñedo”.
18 meses de crianza, 6 meses en barrica, dan su brillante color rojo, con ribetes púrpura morado. Lo pudimos apreciar maridando con los exquisitos sabores, complejos, distinguidos, dónde la fruta negra del bosque se nos hace apreciar con su fondo balsámico.
Soros, el bueno, nos cambio la cháchara, porque se supo conducir, entre los bocados exquisitos, en unos sorbos aromáticos con un poco de acidez, pero capaz de refrescar cualquier paladar, en las primeras caricias del tórrido verano que nos espera, Magnífica boda, Soros e Ispania.
Francisco Flores

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