UNA DE CINE


Una de cine
Las crónicas del Pleno del estado de la Ciudad de Málaga de la semana pasada,  lo destacan por el tedio, la rutina, el aburrimiento y un producidillo empalago sin perspectivas. También por el deseo de birlar las imputaciones por los contratos menores que abruman a los populares, y una de cine: comprar la manzana del viejo cine Astoria para crear un espacio cultural.
Aunque Francisco de la Torre, a los unos y a los otros, no les parezca unas castañuelas, la verdad es que responde al guión de los populares de intentar pasar de puntillas; electoralmente, le conviene dar poco ruido desde la Casona,  pero sus tropas de concejales  han orquestado una  plaga escandalosa de cuantiosos contratitos, esperemos para ver todas sus consecuencias.
Eso sí, un caramelito, que no está el horno para bollos: “os compro un cine”. Ya han pasado los años de las promesas de doña Celia: agua depurada al grifo para todos,  arreglarnos la cicatriz urbana del Guadalmedina, y encima expulsar los fantasmas cochambrosos del Cortijo Jurado ¡que pena! dice la leyenda urbana que se la llevaron a hacer pucheritos a Sanidad para que no padeciéramos de entusiasmo crónico los malagueños, y todo quedó en promesas rotas, tal como yo creía. La gestión y el entusiasmo  con realidades, los trajo la ministra socialista Magdalena Alvarez, pero eso es yá es historia no Astoria.
Los intermediarios de Málaga, durante años, se han dado pisto diciendo que llevaban la venta de dos manzanas que se eternizaban en el mercadeo, eso producía un cierto pedigrí y una guasa tremenda. Se decía –“ese lleva el Astoria, el otro lleva Félix Saenz”. Pues ahora nuestras poquitas esperanzas en el gobierno de los populares, no la ponen en un huesecillo gafado, el Astoria. La  gran Esperanza que nos dan los populares está en Madrid, la señora  presidenta de la Comunidad de Madrid experta en jalear a los parroquianos ultraconservadores, no se mete en un charco al solidarizarse con el periodista Hermann Tertsch, por la agresiva agresión que sufrió, sino que trata de emponzoñar el uso de la libertad de información, del programa “El Intermedio” y de su conductor  el Gran Wyoming, con insinuaciones deplorables.
Hay veces que me anima el humor  de ese programa, otras como a todo quisque, no me produce ni  una mueca, pero nunca he dejado de ver sus aciertos o desaciertos como ejercicios de humor, no dudo que a algunos su discurso  atrevido, abierto y joven, y más a los sujetos de sus bromas, les ponga de mal humor, pero de eso a verlos como motivadores de la locura de un agresor por excesos liberticidas, eso se lo dejo para “goebelillos”.
Mi humor en cambio se resiente cuando se utilizan los medios públicos para mal informar a los ciudadanos, para sostener una tropa de corifeos aduladores como en Tele Madrid, o para hacer de “gestapillos” espiando a los correligionarios disidentes de doña Espe, como Manuel Cobo, el primer teniente alcalde de Madrid. Ahí, si está la libertad  y nuestros derechos ciudadanos en entredicho. Aunque lo mío es seguir entretenido con el huesecillo del solar del cine, que para eso me nos lo ha echado, y por orden obispal, no llamarle a la Catedral ”la manquita”.




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