LA CARA ES EL ESPEJISMO DEL ALMA
La cara, más bien el aspecto de los viandantes, me sirvió de juego intuitivo en las primeras elecciones con mi amigo Luciano, para ir distinguiendo, por la calle más concurrida de Málaga, a los posibles electores de cada formación, eran las primeras elecciones democráticas, de encuestas estábamos pez.
El otro día, aparcada la lección de fútbol que, se concretó en las sorpresas que nos estaba dando la Selección, más la coincidencia que no le poníamos rostro a la mayoría de los jugadores españoles, emigrantes de lujo en su gran parte. Bonifacio y yo nos aparcamos frente a su viejo televisor que, por una chispita ha dejado de ser en blanco y negro. El debate era sobre “los insultos” que se han ganado “los indultos”, tostonazo agresivo, muy alejado de la sintonía que requiere la cuestión, el tiempo haga sus componendas.
Boni quiso jugar a ponerles oficio a los contendientes, así que colocó de dependiente de lujo de la sección de caballeros de unos grandes almacenes a Casado; a mi Pedro me lo puso de recepcionista de un hotel de cinco estrellas; a doña Arrimada le dejó la peluquería; pasó la imagen de la vicepresidenta egabrense, directamente para modista redicha; a Rufián me lo enchufó en una charcutería; al vasco me lo dejó de notario, como le tiene animadversión al de VOX, me dijo de Abascal, –éste no tiene oficio, ni beneficio. Porque el tema daba iba de eso, le endilgó el mono grasiento a Yunquera, con su “taller d´automobils”.
Seguimos con las ocurrencias con la primera vez que me encontré a Aznar, en las puertas laterales del Museo del Prado, escoltas y gabán, salía el jefe de la oposición a Felipe González, vaya facha, un enclenque de rostro desértico. Muchas veces me he acordado de aquella primera impresión que me produjo, de eso viene lo de la cara es un espejismo del alma, porque mal ajado le vi y más ajado nos dejó su presidencia.
Entre tantos nacionalicistas, centrípetos y centrífugos, la distancia entre ellos se nos pone en las antípodas, pero uno sugiere, y mi amigo admite que, lo mejor es lanzar la consigna del REENCUENTRO, al igual que los opositores al franquismo lanzaron la de la RECONCILIACIÓN, la palabra conciliadora nos ha servido para tanto, que merece la pena luchar por reencontrarse, para evitar las caras largas y los aplausos desabridos en el Parlamento español.
Curro Flores
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