ER CAROLINA
En mis impagos malaguetas de toda la vida, elevamos el listón de las cuatro letras a poder llevar la deuda al ditero, por eso ayer en el estremecimiento nacional, pude descubrir las lágrimas de Concha, diciendo a sus compungidas percheleras: -hemos perdido la medalla en “Er Carolina”. Hasta que le llego el gris Prado del Rey a plazos, con raqueta, nada más que vislumbraron a Santana dando mandobles, el resto era de ellos con mi amigo Matías Prats dando verbo literadio al testarazo de Marcelino. Ya en colores y la banderita del arco iris en el plumero, apareció nuestra atleta onubense en el candelero, para decirnos a los cuatro vientos de su “gallito” volandero que, desde Marco Polo se juega en los palacios hindús un juego de eunucos y odaliscas, Poona, traducido al inglés por los sorprendidos dominadores como el Bádminton. Carolina Marín, nuestra ídolo, más que dio a conocer su deporte a todos los teleinsistentes, como campeona de la Ruta de la Seda y del viaje de sus “plumas” a los espacios siderales. Aprendí a jugar al basminton, casi en el ejercicio de edil deportivo y se me saltaban las lágrimas de las poquitas pistas cubiertas que teníamos en los centros públicos, porque las rachas de viento jodían el vuelo de la mosca, provocando el mosqueo por tanta agachaditas. Carolina está triste, todos la acompañamos, pero hay algo más que un pódium olímpico, cuando se está reconocida como diosa del Olimpo. Como Pinito de Oro en su trapecio, tu vuelo en el más difícil todavía, es capaz de robarle el comic al olímpico galo Asteric, apoderarte del eco del grito de Tarzán para acallar los rugidos de la selva y lanzarle una salmodia en arameo a tu contraria para desafiarla. Todo más y todo eso, por eso nosotros jugamos “Er Carolina”, muchas gracias por fandangos de Huelva.
Curro Flores
No hay comentarios:
Publicar un comentario