martes, 20 de agosto de 2024

HACIENDO EL AGOSTO FERIAL

HACIENDO EL AGOSTO FERIAL

Mis recelos de joven barbado de izquierda de aquella época, me insensibilizaban hacia las ferias, pero tuve el consuelo de compartir mis cuitas de edil “imberbe”, con mi admirado amigo y excepcional dramaturgo, Miguel Romero Esteo; quién en tres folios inolvidables me armó para trabajar denodadamente, durante 12 años, coordinando y organizando por delegación de Pedro Aparicio, nuestra bien llamada, Feria del Sur de Europa. Hasta aprendí de centauros más que en mi infancia campestre o con la Suite Vollard, gracia a la apuesta del Colegio de Aparejadores y el Centro Comercial, para traer a la Feria del Centro los mejores enganches de nuestra tierra, embridado trabajo, de mi inolvidable Carlos Gutiérrez. Las fiestas, hasta para los más aburridos de los humanes, tienen por su diligencia “hacer el agosto”, para celebrar festivamente los resultados de la cosecha, después de las duras labores que se rindieron durante el calendario laboral; por eso, aunque dependiendo del gusto de los celebrantes, no debemos criticarlas, salvo en las estridencias de la inicua algarabía. Desde jovencito supe que nuestras peñas aumentaban su magra tesorería, con sus trabajos voluntarios en la Feria; en primerizo de concejal ya referí que la subasta de espacios comerciales en el recinto, provocó el primer bocado en la oreja de berrinche, con sangrienta condecoración; menos mal que vino a arreglarlo El Maño, institución de los nómadas feriales. Viví la generosidad de los vecinos del Centro para atraer a su novedoso acierto festivo; los colectivos del Real, de puertas abiertas para todos los que visitaban sus casetas; pero tengo por obvio que los precios subían sin constituir un disparate, aunque con los años, “hacer el agosto”, para algunos era saltarse el listón de la prudencia. Hoy leo que una ensaladilla rusa, la sirven a nueve euros y sin caviar del Volga, más diez euros por una copita de licor sin etiqueta pirata. A tan codicioso abuso hay que ponerle trabas, con mirada de presente y futuro; lo digo porque la tuve en cuidado cuatro trienios de su crecimiento, que me reportaron felicidad con mis vecinos agradecidos y hasta mi única peligrosa amenaza a muerte por un “saborío”.

Curro Flores

 

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