MANQUE
MÁS LLUEVA MÁS QUEMA
Este
año hemos visto el verde exuberante, en un paisaje de quinquenio ceniciento,
cada vez que miraba el jardín a la tijera le cundían las hojas muertas y ver
brotar las vinagretas me hizo infancia añorada casi olvidada. Nunca había leído
el aviso en las carreteras de la provincia de Málaga, que con toda la solemnidad anunciaban del peligro
de incendios de las hazas, afeitadas en amarillo extenso; como en estos caminos
kilometraban tantos guiris, el que teclea en la DGT la información de
incidencias del tráfico, se había aprendido el Assimil de inglés -fire risk hazard,
fire alert- lucían en el luminoso; pero el que más me llamó la atención, era el
recadito para chules e hijes de su puñetera madre, en el que se advertía la
pérdida de puntos del carnet de conducir, por arrojar colillas por la
ventanilla. El miedo a la humareda ha superado con creces a las recomendaciones
del control de velocidad, o los cariños a las motoristas para que vuelvan sin
estrellarse. Me paró la sed en la Fuente de la Yedra, me recordó los años que
con el seilla verdoso de mi tío Juan, llenábamos los garrafones para
refrescarnos el gaznate sin blanquearnos de caliza. Guardamos la cola de los
que llenaban sus plásticos, mientras conversamos de todas incidencias con un
lugareño de dialecto montuno, comentamos que se habían recogido las mieses antes de tiempo, porque los pegujares nacieron
su verdor demasiado pronto. Llegamos pues, a los peligros de fuegos, para lo
que el amigo nos dio la clave de experimentado: -Manque más llueva, más quema.
Nos quedamos pensando a la vuelta, en la frasecita, dicha con más acento que el
caño de un puño de la fuente, que para mi curiosidad estaba compuesta por
mayoría de moros que volvían de Alemania a Marruecos, sin comentar el incendio
en la Mezquita de Córdoba.
Curro
Flores
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