50 AÑOS NO SON NADA
Está en el celebro de la Agrupación Socialista de Torremolinos, conmemorar los cincuenta años transcurridos desde que se lanzaran a la luz de la libertad. Se venía de la historia centenaria de los primeros iglesistas, la Guerra, el campo de concentración, la represión franquista y todos los largos etcéteras del nacional catolicismo-en un espacio a lo jipi de libertad. Me había reunido con el compañero Pedro Pérez, quién amontonaba nuestras cuitas de las bodas de oro militantes, para depurarlas en su severo alambique; no fue casual que estuviera con casi flequillo y barba, como representante de la provincia en las dependencias de la tienda de los Escalonas: Bartolomé, Lázaro y mi querido Miguel, quién sería el primer alcalde del recién nacido pueblo torremolinense; en la constitución de aquella primera reunión. Me viene a la memoria, o mi querido Antonio Guarde me pone los palillos de pasa, que allí se encontraban con él, Bóveda, Méndez, Ortuño, Prieto, Bolarino, Lacuey y más, toda una pléyade entusiasta que habíamos pasado el rubicón de clandestinos, para sin cortapisas ir ganando con los vecinos parcelas de libertad política.
El chute de recuerdos va pasando por mi espejo retrovisor en sepia enrojecido incluso una vieja foto del Primero de Mayo del ágape en su Pinar se planta sobre el ordenata nuevo: solidaridades, batallitas militantes, autonomías y demasiados pésames para espíritus tan entrañables, pero es la hora también de lo tanto vivido montado en sus ocasos.
Ayer me leía a seis columnas un saco de pólvora, de eso que se mastica sin consuelo. La presunta acusación al secretario general de los socialistas de Torremolinos, de acoso a una militante, con una jerga de bits telefónicos impropios para un adecuado contexto de relación de compañerismo. También las tardanzas de los organismos depuradores del PSOE, en dirimir los hechos, siempre menos que la Iglesia, pero para la prensa contraria, más escandaloso que la demora en la redacción de la sentencia contra el ex fiscal general del estado.
Al presunto acosador, Antonio Navarro, le han salido en su defensa, ocho compañeras de su ejecutiva, que, a las que conozco, serían incapaces de favorecer un dislate machista. Cierto es que asomarse a un asunto de quiebra de intimidades personales, no debe estar entre el avatar político, pero las solidaridades nunca se deben evitar.
Por lo leído, a la presunta acosada, más que un Don Juan con galanura, le ha salido un don juanete, capaz de insistir favores en la garantía de los honores. Pero a las que preparábamos las bodas de oro para salir de la atonía sociata, no nos ha hecho falta que el adversario nos regale el Caballo de Troya; porque las burradas de lo que se comenta, nos está repartiendo coces en nuestras entrañas más íntimas.
Curro Flores
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