domingo, 1 de febrero de 2026

EL SUICIDIO DE LAS PALMERAS

 

EL SUICIDIO DE LAS PALMERAS


Maroua iba a recoger su residencia en España, la ciudadana marroquí no podía esperar que la caída de una palmera, iba a negar su deseo de por vida. La desabrida temporada de aguas y vientos engañosos en la Costa del Sol, puso ayer otra palma suicida, cayendo desvencijada para yacer tumbada en el paseo malagueño, Pablo Ruiz Picasso. Los conductores iban a ojos de faro, driblando ramas que aprendían a volar sufridas por el temporal.

Mi amigo y compañero catedrático de helechos y humedales, Enrique Salvo, dice que es la leche el estado de los árboles en la Ciudad del Paraíso, de raíz haciendo el “tente tieso”, y ya se sabe, lo poquito que hace falta para tender esos muñecos.

Tener campo verde entre ladrillos es un desafío que demandamos los ciudadanos de las urbes, pero evocar el ancestro campesino no lo resuelve el césped de un campo de fútbol, y me llenan de cachorreñas las aceras, por unas tardes de azahar en primavera; pero doblando al ficus por grandes goleadas, llenan las autoridades parquecitos y alcorques por doquier, de multitud de parasoles de los oasis del desierto. Las palmeras ilicitanas, han cogido tanto la carrerilla del negocio, porque nada más que hay desparramar la vista por los viveros imponentes de los aledaños urbanos, para ver que la infinitud de macetones son palmeritas y mayores, junto a troncos de olivo que adornan de vejeces.

No sé porque el raído “juanchindel” me obedeció dibujar una palamerita con su monito y coco, que despertó el entusiasmo de los míos, por una vena artística que fue de fortuna y nunca llegó a oficiante. Pero desde entonce, frente a insigne detractores, he tenido un apego y afecto a el árbol de la pollinica, casi en más que al de mi crianza anidado en la Oración del Huerto.

En unos días de miles de páginas inquietantes espiando vías, muros y taludes de AVES, rodalíes y cercanías. La verdad ha hecho que no sea un espejismo, echarle un Poirot a todas las palmeras sembrada, para que no nos amenacen de darnos un cocotazo mortal.


Curro Flores





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