AL AMIGO MORANTISTA
Llevo tiempo alejado de mi arcana pasión taurina, pero ayer mi amigo Antonio Pedraza, volvía del delirio y entusiasmado por la faena que vivió en Sevilla de Morante de la Puebla, me pasó un vídeo de derroche estético del torero, y me insistió de que pusiera mis modestas líneas para homenajearle. Negarme a Antonio es un imposible, porque le tengo por sabio en la literatura financiera y el saber bolsístico, por lo creo en su previsiones para inversores, en el que denomino el ORÁCULO DE OMÁLAGA en sus escritos. Como le adorna el buen gusto, preside la Fundación Manuel Alcántara, celadora y difusora de la obra de nuestro dilecto genio. También saco del secreto, de ser un generoso lector y comentaristas de mis desepistolillas, así que por vergüenza cuasi torera no le puedo negar un renglón.
Recalé en mi memoria de antaño, cuando seguía y amistaba con figuras de la tauromaquia. Por una coincidencia del destino, pude saludar y felicitar al joven Morante, en la desaparecida marisquería Mediterráneo, frente al Mare Nostrum y a pocos pasos del Rincón de Ordoñez, lugar de culto al Maestro de Ronda en Antonio Martín. Los mocitos estaban celebrando muy contentos y divertidos, su luna de miel con sabores playeros, y ahí aprecié de cerca al futuro fenómeno muy delgadito.
De aficionado, fui a veces, bocaza silente de tendido torista, aunque por cuerdo era ecléctico, para no llevarme la peor parte por dedicación al del arrastre. Un lidiador de pro, con fuerza en los carteles, me confió de que se conformaba con su talento de que el burel fuera -“dacá pallá”-, para firmar una gran faena. Aunque disfrutaba de ver el toro en el campo, los corrales y en el ruedo; caí en la deflación del método selector del ganadero, que afina las embestidas al paso de la carretilla de la escuela taurina, salvo los escasos y celebres encastes de a 15.000 piezas de euros el embarque.
Ya era mágico y especial el de la Puebla, pero en los dos últimos años, pasa por ser la figura indiscutible del toreo, esas escasas elegidas de las que causan demanda y cartel en toda la Piel de Toro. La pléyade de lidiadores correctos y aseados, con nombre en todas las ferias está siempre presente; pero muchas temporadas espesas por atonía, la levantaron los Dominguín, Ordoñez, El Cordobés, Paco Ojeda, José Tomás, que fueron convulsiones en la Fiesta, desde mi niñez hasta ahora. Pegaron el cartel de no hay billetes, porque rompieron la escala del gustito, como me refería a los cantaores con clase cuidada mi entrañable Fosforito. Ahora tenemos a Morante, capaz de romper con su quejio como el Terremoto de Jerez, la escala melismática, porque su toreo no tiene transcripción en el pentagrama escolástico, como ayer demostró en el albero maestrante.
Morante de la Puebla ha sido devoto para inocularse lo mejor del Paula de Jerez y del Curro de la mejor Sevilla torera, su capote y flámula, son capaces de acariciar los alberos, con el son de las levitadas olas de la Malagueta, besando las arenas del rebalaje. A Morante le faltó picar para enseñarnos todos los oficios de la lidia, y en torero salió en hombros, porque al pueblo le sobra el estricto reglamento. Sus pases han robado el olé cadencioso al poeta, porque el instante de amor está todo soñado a su manera, en valiente quietud pellizcando corazones.
Espero no defraudar a mi amigo Antonio Pedraza, porque espero que al entrar a rematar no me haya salido un guardia, y el estoque en travesía no desborde los pitos de los tendidos.
Curro Flores
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